Noventa años del natalicio de don Manuel...
viernes, 26 de abril de 2013
domingo, 14 de abril de 2013
Roa de Andy Baiz
Esperé con mucho entusiasmo esta nueva película de Andy Baiz, de quien hasta ahora hemos visto en las salas Satanás y la Cara oculta, ambos trabajos con un tono muy característico, pero marcados por el rigor técnico en el manejo de la imagen y por la buena factura del guion.
En esta oportunidad la expectativa estaba en que el
argumento se inspira en Juan Roa Sierra, el oscuro asesino de Gaitan. Ese
crimen, como sabe cualquiera en Colombia, es uno de los puntos de mayor
inflexión en nuestra historia, equiparable solo a magnicidios como el de Rafael
Uribe Uribe, en 1914, y al de Luís Carlos Galán, en 1989.
A estas alturas, creo que muy probablemente nos vamos a
quedar sin saber a ciencia cierta qué pasó aquel 9 de abril y cuáles fueron las
verdaderas motivaciones de Roa Sierra; de allí la importancia de que alguien,
en este país de asesinos anónimos, quiera reflexionar sobre la humanidad de uno
especialmente significativo.
Andy Baiz parte de una novela muy celebrada: El asesinato
del siglo, de Miguel Torres; libro que por cierto no he leído. Su intención es
ponerle cara y cuerpo a Roa Sierra. Nos lo muestra como esposo y padre de
familia, como hijo, como hermano y como un desempleado que para entonces, como
sigue ocurriendo hoy, termina perdido en los caminos de la ilegalidad mientras
busca una manera digna de ganarse la vida.
Hay muchas versiones acerca de quién era Roa: un hombre
fascinado con teorías esotéricas, un sicario al servicio de la CIA, un amante
celoso airado por los requiebros de Gaitán a su amada. Baiz pasa rápido sobre
todas esas facetas y nos lo presenta además como una especie de sicópata que
acecha a su víctima, que lo desairó en alguna oportunidad, tejiendo rutas sobre
un mapa, como Erik Lonnrot, el protagonista de La muerte y la brújula. Pero el
Roa que domina la película es el hombre humilde que queda a merced de intereses
políticos mezquinos, como ha ocurrido y sigue ocurriendo con cientos de
personas a lo largo de Colombia. Considero que en ese punto la historia de hace
65 años le habla claro al país de hoy y lo hace recordar tantos otros
magnicidios.
Habría que aplaudir también la minuciosidad con que fue
recreada la Bogotá de finales de los años cuarenta; sin embargo, ese trabajo tan
aplicado tiene es su contra que todo se ve exageradamente pulcro: los carros
sin una partícula de polvo, los vestidos sin una arruga, las calles como
acabadas de lavar… Todo es bonito, y me parece que eso le resta verosimilitud
al conjunto de la obra. Le da un aire demasiado frío y calculado.
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viernes, 29 de marzo de 2013
lunes, 25 de marzo de 2013
5. G. K. Chesterton
Como casi todo el mundo, llegué a Chesterton por Borges. El hombre que fue jueves me deparó una de las tardes más felices de mi vida. Y no exagero cuando digo que aún conservo el asombro que me produjeron las narraciones del Padre Brown, hace ya un buen número de años. Recuerdo también como fiesta la lectura del volumen de sus obras completas dedicado a los artículos que publicó en la prensa.
Chesterton fue un hombre de una inteligencia vigorosa y
chispeante que parecía renegar de todo. Agnóstico durante una buena parte de su
vida, lentamente fue entregándose al catolicismo. De esa transformación fue
dando cuenta en algunos de sus ensayos más célebres: Herejes, El hombre eterno,
Ortodoxia.
Tal vez eso es lo que me lo ha hecho tan entrañable siempre:
hombres como él, como Papini, o incluso como el mismo Luis Tejada, son la
evidencia de que tal vez lo que más necesita un ser humano para llegar a la
plenitud es algo en que creer. No importa qué.
domingo, 17 de marzo de 2013
La muerte de Mamatoco (II)
Segunda entrada dedicada a una de las décadas más convulsionadas y apasionantes de la historia de Colombia.
La segunda administración de López Pumarejo se inició sin
sobresaltos luego de que Laureano Gómez y sus adláteres prometieran una
revolución en caso de que el candidato de la Revolución en Marcha retornara a
la presidencia. El 2 de enero de 1942 El Liberal, periódico dirigido por
Alberto Lleras Camargo que servía como plataforma política a López Pumarejo, publicó la
siguiente información: “El señor Álvaro Gómez Hurtado, hijo del doctor Laureano
Gómez y vicepresidente del consejo municipal de Bogotá, a raíz de una
conversación política con el señor Pedro López Michelsen, le anunció que el
señor Alfonso López no sería Presidente de la República, porque había treinta
jóvenes conservadores juramentados para matarlo, en el caso de que fuera
elegido. Agregó:
- Por mi parte, cumpliré las órdenes de mi padre,
aunque me cueste la vida.
Se recuerda que el señor Laureano Gómez en el Senado de la
República y en su propio diario (El Siglo), anunció que el conservatismo
optaría por la guerra civil o el atentado personal, y defendió como moral y
conveniente éste último, citando opiniones de teólogos españoles de la Edad Media”.
Por su parte, Laureano, tratando de encontrar ayuda para su
sonada revolución, había dicho al embajador norteamericano Spruille Braden: “¡Guerra
civil! Habrá guerra civil, y esperamos que ustedes nos apoyen en ella, para
impedir que el comunismo se apodere de Colombia”. Y cuando Braden le manifestó
el poco interés de los Estados unidos en esa guerra, Gómez replicó: “Entonces
tendremos que buscar ayuda en cualquier otra parte.”
![]() |
Laureano Gómez |
Muy probablemente esa “otra parte” era la Alemania nazi, país cercanísimo a los afectos de Gómez, y del cual había manifestado ser el adecuado para controlar el Canal de Panamá. De hecho, el gobierno alemán, según lo registra Venon Lee Fluharty en su libro La Danza de los Millones, había donado, por medio de su agregado de prensa, cien mil pesos en 1942 para la construcción de una nueva imprenta en el periódico El Siglo.
De cualquier forma, aunque Gómez no inició su revolución,
tampoco desaprovechó las oportunidades que se le presentaron para hacerles daño
al presidente Alfonso López y a su gobierno. Esa oportunidades se presentaron
en forma de escándalos, y El Siglo se constituyó en la principal herramienta
para explotarlas: los negocios turbios del hijo del presidente, Alfonso López
Michelsen, dieron lugar para que la prensa oposicionista, e incluso periódicos
liberales como El Tiempo y La Razón, lanzaran ataques implacables contra López
Pumarejo aduciendo complicidad y encubrimiento. Así mismo, la orden del
ministro de guerra de construir unas casetas cerca de una finca de la familia
Michelsen con el fin de custodiar al presidente cuando estuviera de visita
allí, generaron en la prensa (no solo en El Siglo) severas críticas
fundamentadas en el hecho de que dichas construcciones valoraban una propiedad
privada a costa de inversiones oficiales. Sin embargo, tal vez el escándalo que
dio lugar a los ataques más violentos contra López Pumarejo fue el asesinato de
Francisco Pérez, alias Mamatoco.
A principios de 1943, y gracias a las informaciones de los
servicios de inteligencia norteamericanos, López Pumarejo denunció ante la
prensa, y prohibió mediante decreto, las operaciones en el país de un grupo
nazi-falangista integrado entre otros por Silvio Villegas y Guillermo León Valencia. Unos meses
después Mamatoco apareció apuñaleado en el parque José Santos Chocano de Bogotá,
y se inició entonces el contragolpe de los laureanistas
domingo, 10 de marzo de 2013
Reseña: Correr
Correr de Jean Echenoz
No recuerdo con precisión cuándo supe por primera vez de
esta novela de Jean Echenoz pero
recuerdo en cambio cierta entrevista en la que el escritor francés manifestaba
su intensión de emular en ella, por lo menos parcialmente, al Marcel Schwob de
Vidas Imaginarias. Y tal vez fue entonces cuando me decidí a leerla.
Correr hace parte de una trilogía de biografías noveladas en
las que Echenoz se ocupa además de Maurice Ravel y de Nicolás Tesla. En este
pequeño volumen el protagonista es el checo Emil Zátopek, gran leyenda del
atletismo, ganador de tres medallas de oro en solo una semana por allá en los
juegos olímpicos de Helsinki en 1952. Las ganó en tres competencias
absurdamente arduas: 5000 metros, 1000 metros y la maratón. Zátopek fue la
renovación del atleta invencible que rayaba en lo divino, tan propio de la
antigüedad clásica, y que en nuestros días ha renacido en hombres como, Phelps,
Schumacher, Messi o Federer.
Pero además fue un hombre con profundas convicciones
políticas que lo llevaron a apoyar en 1968 aquella ola de renovación al
comunismo conocida como la Primavera de Praga. El resultado fue, como suele
ocurrir con la disidencia en los regímenes totalitarios, amarga para el gran
deportista.
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| Jean Echenoz |
Jean Echenoz relata la vida del corredor sin apasionamiento, como lo haría un notario: su juventud lejana a los deporte; su inesperado encuentro con el atletismo; sus entrenamientos mientras a lo lejos se escuchan las bombas del Ejército Rojo tratando de ahuyentar de una vez por todas a los alemanes, en desbandada y con la guerra ya perdida; sus líos con la prensa; sus incontables glorias y las infamias a las que lo somete el partido comunista. No hay, creo yo, una sola palabra, un adjetivo, que deje entrever alguna emotividad. Ni siquiera el primer gran momento glorioso de Zátopek, cuando era un desconocido y ganó aquella carrera ante cientos de espectadores atónitos en Copenhague.
La narración, que avanza a zancadas como su protagonista, es
fría, casi rutinaria, sumarial; la grandilocuencia le queda a la imaginación
del lector, que en efecto se ve casi en la necesidad de desbordar esas palabras
tan precisas. El autor por su parte no le hace nunca esa concesión, lo cual
constituye sin duda un gran acierto. En esa medida resulta difícil leer Correr
sin evocar el Reportaje al pie de la horca de Julius Fučík, ese otro héroe de
la historia checa en el siglo XX, cuyo estilo a la hora de relatar su propia
muerte resulta tan abrumadoramente parco.
Un libro entretenido, rápido y profundo; como para leer en
una sola sentada.
domingo, 24 de febrero de 2013
Oscars 2013
Y las nominadas son...
Life of Pi
Se trata de una de esas historias de superación personal que
les encanta a los jurados. Después de que el buque en el que viaja con sus
padres naufraga, un niño sobrevive durante meses al garete en el océano en una
pequeña balsa en compañía de un tigre de bengala feroz.
Ang Lee fue considerablemente fiel al libro de Jean Martel.
En particular me resultó conmovedor y bien logrado el momento en el que Pi
Patel y Richard Parker, el tigre, llegan al final de su viaje: el animal,
famélico y atolondrado, se interna lentamente en la selva y se olvida, por
instinto prácticamente, de su amigo y benefactor con una facilidad asombrosa.
Probablemente todos nos hemos sentido en algún momento como Pi se sintió en ese
instante. La película es en efecto un banquete visual, cosa habitual en Lee,
que en esta oportunidad contó con la fotografía de Claudio Miranda, el chileno
que tantas veces ha acompañado a David Fincher. Incluso esta cinta tiene un
poco de la pirotecnia visual y el encanto de El misterioso caso de Benjamin
Button.
Pienso que, de todas las cintas en competencia, es la más
perfectamente cortada con las tijeras del Oscar.
Lincoln
Tenía la convicción de la película iba a resultar aburrida
hasta el sopor, pero me equivoqué. Obviamente su ritmo está lejos de ser
frenético, pero los ires y venires de la reforma que finalmente abolió la
esclavitud en un país tan pretendidamente libertario, tienen su propia tensión.
Otro factor que juega muy a favor de la
narración es Daniel Day Lewis, tan soberbio como siempre y en un
registro tan opuesto al de su anterior personaje en There will be blood.
A estas alturas tal vez solo John Huston contó la historia
de Note América tan sistemáticamente en el cine como lo viene haciendo Steven
Spielberg.
No creo que gane el premio a mejor película; pero sin duda
DDL, ganará al de mejor actor.
Zero Dark Thrirty
A la larga esta nueva película de Kathrin Bigelow es una variación
de su ópera prima: The hurt loker. La protagonista, Maya, vive por su trabajo,
no se concibe sin él. En esa medida la película va mucho más allá del asunto de
la guerra imperialista emprendida por los Estados Unidos luego del 9-11. Pero
sin duda esa guerra es uno de los ejes de la narración y a diferencia de
quienes piensan que se trata de una exaltación del orgullo americano, considero
que Bigelow da un paso más en el camino que emprendió Spielberg cuando en Munich
reflexionó sobre el vació y la locura de las guerras contra el terrorismo. Una
guerra en la que los contendores, todos, terminan convertidos en fantasmas
atormentados y atroces.
Como se ha repetido una y otra vez, la narración de los diez
años de persecución a Bin Laden avanza a zancadas, casi no da respiro. A ratos
resulta tedioso estar pendiente de tantos nombres… pero en general son dos
horas cuarenta minutos muy digeribles.
Igual es una película hecha con el molde del Oscar. Encaja
mucho más aun considerando que desde No country for old man incluso las
historias oscuras admiten la consideración de los jurados.
Argo
Durante por lo menos tres cuartos del metraje nos
encontramos con un triller político en clave de comedia considerablemente
agradable. Pero las últimas secuencias son una payasada imperdonable. Una
gringada. Creo que por esa razón es la cinta con más opciones para a ganar.
Django Unchained
Como ocurre en Lincoln, aquí nos encontramos con una cinta
en la que un solo actor, en este caso Christoph Walz, hace que valga la pena
pagar la boleta. Incluso ahora que lo pienso no hay más de dos secuencias de
diálogos encantadores que no esté remachada por él. Cuando Walz ya no está en
la película, la única alternativa que le queda a Tarantino son los balazos y las
explosiones.
Es imposible que gane, reconociendo eso sí que los jueces
son suficientemente estúpidos como para premiarla.
Beast of the southern wild
De tanto en tanto los miembros de la academia deciden
nominar a un actor, a una actriz o a una película de la que nadie ha oído hablar
para dejar en evidencia su erudición y su amplitud de miras. Eso pasó, por
ejemplo, con Catalina Sandino. Este año la oportunidad fue para esta cinta de
solo una hora y media que se hace larguísima por lo aburrida. En realidad hace
mucho no me sentía tan desconectado de lo que ocurre en la pantalla.
Es a su manera una película tan
pretenciosa como cualquier superproducción. En realidad la fatuidad no está solo
en los grandes presupuestos y en la pirotecnia. El cine independiente, con su
pretendida profundidad disfrazada de sencillez, se acerca con frecuencia a la
misma superficialidad de la gran industria.
Por supuesto la niña, Quvenzhane Wallis, merece una mención
aparte; y al lado de Emmanuelle Riva es tal vez la mejor dotada para recibir en
esta oportunidad el premio a mejor actriz principal.
Amour
Tal vez debido a que con el paso del tiempo los niveles de
testosterona tienden a mitigarse, ahora lloro fácilmente con algunos films. Y
la verdad es que me gusta. Eso en todo caso me pasó con esta película de
Haneke, que como era de esperarse cae como una patada en el hígado. El solo
hecho de que haya directores que se atrevan a tratar con tal seriedad el
universo de la vejez es ya un alivio en este mundo estupidizado por la obsesión
con la niñez y con la juventud. Pero además es muy reconfortante ver el trabajo
de artistas capaces de darle al amor, otro tema reducido a la ramplonería, una
dimensión tan profunda.
No me cabe duda de que en un mundo en el que la estupidez no
fuera la norma, Amour de Michael Haneke sería la rotunda ganadora del Oscar a
la mejor película.
Silver linings playbook
Esta película es el peor irrespeto a la inteligencia del
espectador que he visto en mucho tiempo. Todo en ella es por lo menos mediocre,
sino decididamente malo: las actuaciones, empezando por Bradley Cooper, que
luce sobreactuado todo el tiempo; y terminando con Robert De Niro en un papel
demasiado torpe; Jennifer Lawrence no lo hace tan mal, pero de ahí a que la
nominen a un Oscar y atrevidamente la pongan en el mismo nivel de Emmanuelle
Riva… ahí sí hemos perdido la cordura del todo…
Y ni qué decir de la dirección: David O. Rusell queda totalmente desdibujado a la luz de The Figther, que sin ser precisamente magistral, era una película aceptable y bien lograda.
Y ni qué decir de la dirección: David O. Rusell queda totalmente desdibujado a la luz de The Figther, que sin ser precisamente magistral, era una película aceptable y bien lograda.
Los Miserables
En mi vida
solo he visto con gusto unos cuantos musicales: West Side Story, Singing in the
rain, Jesus Christ Superstar y Dancer in the dark. El resto no los
soporté. Por esa razón, y porque Los miserables es una de mis novelas preferidas,
creo que me voy a abstener de ver la película de Tom Hooper.
miércoles, 13 de febrero de 2013
Django Unchained
Tarantino dispara de nuevo
La película
La historia tiene
lugar dos años antes del inicio de la guerra civil en Estados Unidos. Una
guerra cuyo núcleo fue la lucha por el fin de la esclavitud en un país que paradójicamente inspiró sueños de libertad como el de la Revolución
Francesa, pero mantuvo una actitud ambigua e incluso mezquina con la población
negra hasta entrado el siglo XX. Django es un hombre negro, libre, que quiere
encontrar y liberar a su esposa. Para ello cuenta con la ayuda de King Shultz,
un alemán al cual la esclavitud le resulta extraña, una especie de ángel de la
guarda de Django que no comprende ni acepta la realidad que viven los negros.
Tal vez el reclamo parezca absurdo, pero creo que presentar
a un europeo como estandarte del discurso anti esclavista es por lo menos
extraño: Europa desangró África con especial salvajismo en la segunda mitad del
siglo XIX. Y Alemania en particular fue responsable del genocidio herero y
namaca, acontecimiento que en rigor fue la semilla de brutalidad del régimen
Nazi durante la Segunda Guerra Mundial.
Tarantino
Entre todos los cineastas relevantes de esta época,
Tarantino es probablemente el más superficial y plano. Muchos se empeñan en
esgrimirlo como una de las más puras encarnaciones de la postmodernidad en el arte. Ignoro qué
significa eso, y creo que nunca voy a tratar de entenderlo, pero creo que a
Vargas Llosa no le falta razón cuando
plañideramente repite una y otra vez que en el mundo en que vivimos hoy
preferimos la pirueta, el destello y el ingenio antes que la inteligencia
reposada y la sabiduría. Y justamente en eso se fundamenta el encanto de
Quentin Tarantino, por eso es un producto perfecto de esta sociedad nuestra de
candilejas; postmoderna o no.
Los diálogos
Ahora, debo admitir que soy un fan decidido de esas
películas estrambóticas y profundamente infantiles. Adoro ante todo los
diálogos: Vincent Vega y Jules Winnfield
intercambiando ideas sobre los masajes de pies; el Sr Rosa y el Sr Rubio disertando acerca de
las propinas; Hans Landa agradeciendo un vaso de leche… en fin. Hipnotizantes.
Esos diálogos resultan demasiado reales, tal vez por eso sorprende que alguien
los ponga en una pantalla de cine. Pero son pirotecnia, como también lo son los
chorros de sangre y los sesos desparramados y los brazos cortados. Detrás de
todo ese artificio no hay nada. Nada. Ni postmodernidad, ni estética, ni nada. Solo
piruetas.
Christoph Wals y Leonardo Di Caprio
Este actor austriaco es tal vez lo mejor que le ha pasado a la filmografía de Tarantino en mucho tiempo. En Inglorious Basterds cada aparición suya es una delicia. La morosidad y el desparpajo para pronunciar sus diálogos; su presencia tan extraña: un hombre pequeño encarnando semejante monstro. En esta oportunidad también se convierte en la columna vertebral de la película; su personaje, el Doctor King Shultz, un casa recompensas sin muchos escrúpulos es demasiado fino para el mundo en el que vive; y ese contraste termina por darle un sabor especial a la película.
También es un gusto ver a Di Caprio, otro de esos galanes de cuyo talento como actor no queda duda: Calvin Candie, delicado hasta rayar en el afeminamiento, es impredecible, encantador y brutal.
De Jamie Foxx es mejor no hablar: el tipo lo ha hecho bien en otras oportunidades, pero aquí, muy probablemente con el patrocinio del director, parece más un pandillero que otra cosa.
El Western
Cuando luego del estreno de Kill Bill Vo 2 se supo que el siguiente proyecto de Tarantino sería un western, recuerdo que me desvelé alguna noche, unos cuantos minutos, deseando que al loquito le diera por adaptar Meridiano de Sangre, que como ya todo el mundo sabe, es uno de esos proyectos errantes en Hollywood. Pero creo que esa misma noche caí en la cuenta de que la novela de Cormac McCarty camina por territorios demasiado oscuros y profundos; en ella los personajes tienen muchas dimensiones. Definitivamente necesita otro director.
Un tiempo después se supo que el creador de Pulp Fiction exploraría la historia de uno de los personajes más emblemáticos del cine de vaqueros, muy en particular del spaguetti western: Tarantino iba a filmar una nueva versión de Django, pistolero interpretado antes por Franco Nero, entre muchos otros, e incluido en películas de Sergio Leone y Takashi Miike. Eso, por supuesto, tenía mucho más sentido que mi deliquio con el Juez Holden.
Resulta comprensible que Tarantino optara por un personaje y por una historia emblemática del western. En primer lugar, nunca ha filmado algo que no responda a la maquinaria de ese género: desde Resevoir Dogs hasta Kill Bill pasando por Jackie Brawn, el capítulo de CSI y etcétera, etcétera. Y en segundo lugar porque las películas de vaqueros pertenecen al género que más se ha construido a partir de estereotipos, su esencia está en cumplir con ellos, en respetarlos. Quien filma un western cuenta un poco con el respaldo de todo el género. Un punto más a favor de Quentin.
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viernes, 1 de febrero de 2013
En jardines ajenos
Soy uno de esos lectores que se enfrentan con entusiasmo una
novela de 400 páginas pero se amedrentan ante un cuento de 40. Al respecto de ambos géneros, se cita con
frecuencia a García Márquez: escribir una novela es como ganar una pelea por
rounds; en cambio escribir un cuento es como ganarla por nockout. Esa misma
relación es válida para la lectura. Por la manera en que está concebido, un
cuento pide ser leído de una vez, sin interrupciones; solo de esa forma el
mecanismo interno de la historia puede causar su efecto. En esa medida tienen
mucha razón a quienes comparan al cuento con la poesía. El poema no se lee por
tandas, una estrofa o un verso hoy y otro mañana. No. Ese licor se va en un
solo trago, y tal vez por eso es necesario tener una disposición especial
también. La novela en cambio es un viaje largo en el que tenemos tiempo incluso
de aburrirnos, de parar y de reiniciar mucho tiempo después…
Comienzo con esa digresión a propósito de En jardines ajenos
(2006), libro de cuentos del escritor suizo Peter Stamm (1964). Para mí la
dificultad con los cuentos radica en encontrar aquella disposición. Y celebro
muchísimo cuando por fin encuentro un libro de ese género que me obliga a leer
sin detenerme de tapa a tapa. Peter Stamm me volvió a dar esa alegría (Creo que
infantilmente siempre he querido volver a encontrar en algún otro libro la
emoción que me produjo Las nuevas noche árabes hace ya muchísimo tiempo).
De una manera lenta pero sólida Stamm se ha ido
constituyendo en una de las voces más sugestivas de la literatura actual. Al punto que su novela Siete años (2011) ha
sido recibida por innumerables críticos y reseñistas del mundo como una obra
maestra… Pero Stamm es ante todo un maestro del cuento.
A pesar de ser un escritor suizo, la escritura de Peter
Stamm le debe más a la tradición narrativa norteamericana que a la europea. Su
estilo limpio y directo, pero al mismo
tiempo elusivo, está fuertemente emparentado con Hemingway y con grandes
herederos suyos como Raymond Carver, John Cheever, Lorrie Moore o Michael Chabon.
En jardines ajenos está integrado por once relatos en los
que, como es común que ocurra con ese género después de Carver, en apariencia no se cuenta nada. Son historias sencillas
cuyos desenlaces nunca nos deparan una revelación o una sorpresa, son a primera
vista tan prosaicas como la vida misma pero, como también ocurre en la vida, están
llenas de secretas frustraciones y anhelos que terminan por atribuirles tensión
y misterio.
Hace poco escuché una entrevista concedida a una emisora canadiense en la que justamente el Stamm enfatiza en que no se trata de contar historias con un principio y un final, ese camino ya está
agotado desde hace mucho tiempo. De lo que se trata, dice él, es de crear
atmósferas y explorar las motivaciones de los personajes, los resortes que los
mueven.
Los tres elementos fundamentales de En jardines ajenos, de cada
uno de los relatos, son la soledad, el viaje y la espera: una mujer sola y ya casi olvidada por sus hijos, un hombre que viaja solo a Europa del, tres jóvenes que esperan el tren... Eso, unido a una escritura sobria y
precisa, termina por darle al libro un aire evocador e intimista que
ejerce en el lector un efecto sedante y muy agradable.
sábado, 26 de enero de 2013
Moonrise Kingdom
Algunas ideas sobre la última película de Wes Anderson
La soledad
Mi película
preferida de Wes Anderson es, de lejos, Bottle Rocket. Y siempre estoy
esperando que el gran director algún día recupere la sencillez de su ópera
prima. Eso no significa que no sienta gran aprecio por lo que vino después. Pero creo que
progresivamente, durante un buen tiempo,
sus personajes y sus argumentos se fueron haciendo cada vez más
abstractos y sofisticados, casi indescifrables, diría yo. Al punto que The
Royal Tenembaum parece una obra del teatro del absurdo
Moonrise
Kingdom tiene algo de esa sofisticación pero en el fondo es bastante sencilla.
Lo que da sustento a la historia es la profunda soledad de los personajes. Es
una soledad que tiene varios hilos narrativos: esta la soledad de Walt Bishop,
el padre de familia que parece naufragar en su propia casa; esta la soledad del
el capitán Sharp; y obviamente esta la soledad de Suzy y Sam. La película
parece estar ambientada en los años cincuenta o sesenta pero pronto uno comprende
que esos personajes son intemporales y que su aislamiento podría ser el nuestro.
La soledad es
uno de los temas predilectos de Anderson, cuyos personajes además parecen haber
perdido el sentido de la vida: Margot
Tenenbaum, Dignan, Steve Zissou,
los hermanos Whitman.
Los actores
Con la excepción de Bottle Rocket, la atmósfera en la que
viven los personajes de Wes Anderson es siempre extraña y hasta cierto punto
onírica. Casi nada de lo que ocurre en esas películas quiere imitar fielmente a
la realidad. En Moonrise Kingdom, solo por mencionar un caso, todo está
dispuesto de manera que el espectador siempre comprende que lo que tiene ante
sus ojos es un decorado, como en una obra de teatro: la balsa en la que Sam
escapa al principio de la película es prácticamente de juguete y la casa de
Suzy es como de muñequero. Algo similar ocurre con los actores: dicen sus
diálogos de manera convincente, podemos ver también sus emociones, pero siempre hay en ellos, en
su actitud, algo ligeramente sobreactuado.
Ahora que lo pienso se me ocurre que buena parte de esa
extrañeza radica en la mirada: cuando uno los ve ante la cámara, los personajes
de Wes Anderson prácticamente no parpadean, sostienen la mirada como si
estuvieran en éxtasis. Lo mismo ocurre con los diálogos: parecen escritos en
piedra, siempre definitivos. Esa característica resultaría ridícula en muchos
otros directores, pero sobre todo, resultaría ridícula con otros actores. El
caso es que aquí estamos frente a maestros: Bill Murray, inmutable como
siempre, pero también encantador; Frances
McDorman, Harvey Keitel; Edward Norton… Jason Schwartzman, que no podía faltar y que como siempre encaja perfectamente…
Jared Gilman y Kara Hayward, los dos niños que interpretan a Suzy y Sam, de
hecho parecen haber nacido para actuar en una película de Wes Anderson.
Bruce Willis
Por último quiero mencionar lo mucho que me gustó Bruce
Willis. Para mí el tipo tiene un no sé qué de Humprey Bogart. Infortunadamente
no siempre se ha involucrado en proyectos que le permitan explorar mejor su
presencia escénica. Tal vez fueron Terry Gilliam y Tarantino quienes mejor lo
supieron aprovechar.
sábado, 19 de enero de 2013
Argo
Ben Affleck al rescate


Ben Afleck empezó a perfilarse como un tipo odioso desde
Armaguedon, pero vino a consolidar esa
imagen en Pearl Harbour, película que además de contar con él como protagonista
constituía una exaltación chapucera del siempre predecible patriotismo
norteamericano (vale recordar que ambas tuvieron como director a Michael Bay,
también detestable). De hecho creo que nadie lograba explicarse cómo aquel
actor mediocre con ínfulas de galán había ganado alguna vez un Oscar. En efecto
Affleck escribió junto con su gran amigo Matt Damon el guion de Good Will
Hunting, trabajo que les valió aquel premio en 1997. Pero cinematográficamente
hablando, creo que pocos estaban dispuestos a atribuirle algún otro mérito.
Hasta que anunció que iba a incursionar en la dirección.
La primera película dirigida por Affleck fue Gone, Baby,
Gone (2007), que además contó como protagonista con su hermano, Casey Affleck.
En contra de todos los pronósticos, se trató de una obra madura que llenaba al
espectador de cuestionamientos éticos y morales, pero que ante todo lo mantenía
en ascuas hasta el último minuto por el ritmo frenético de la narración. Por
aquella misma época llegó Hollywoodland, otra sorpresa: allí Affleck interpretaba
con notable solvencia al actor que encarnó en la década de los cincuenta a
Superman en la serie de televisión: un George Reeves alcohólico y derrotado.
En 2010 el californiano ex esposo de Jennyfer López estrenó
The Town. En esta oportunidad además de dirigir se encargó del papel protagónico
y logró que la crítica del mundo comenzara a verlo definitivamente con otros
ojos. Esta nueva película, un thriller de acción coprotagonizado por Rebeca Hall,
sin lograr la profundidad y el cuerpo de Gone, Baby, Gone, reafirmaba el pulso
narrativo de su director.
Por supuesto Affleck aún está lejos del nivel de directores
de su generación como Poul Thomas Anderson o
Wes Anderson, pero la lejana similitud entre su carrera y la de grandes
maestros del cine clásico norteamericano como Nick Cassavetes y Clint Eastwood, logra que ahora muchos esperemos
con cierta expectación morbosa cada uno
de sus proyectos. Por eso cuando el año pasado se anunció el estreno de Argo el
entusiasmo fue general.
Argo relata una
historia real: el operativo que en 1980 la CIA llevó a cabo para rescatar a
seis funcionarios de su embajada en Teherán
durante aquella crisis de rehenes ocurrida en el agitado Irán posterior al régimen
del Sha y dominado por los Ayatolas. Por supuesto esa trama está lejos de ser
inocente y espontánea en un momento en el que Estados Unidos amenaza reiteradamente
con atacar al régimen de Mahmoud Ahmadinejad. Incluso se me
ocurre que es demasiado significativo que el director, que además es el
productor junto con George Clooney, quisiera rodar en Teherán y el gobierno de
U.S.A lo persuadiera de no hacerlo.
Affleck interpreta al
agente secreto Tony Méndez quien propone la filmación de una película de
ciencia ficción en Irán como fachada para el rescate. Se oye absurdo. Y lo es. Pero
el contraste entre las calles de Teherán, con
supuestos traidores al régimen colgando del cuello en el brazo de una grúa,
las oficinas claustrofóbicas de la CIA y el brillo fastuoso de Hollywood le
aporta a la historia un tono tragicómico acentuado por la presencia refrescante
y el gran sentido del humor de John
Goodman y Alan Arkin, quien por cierto está nominado por su trabajo aquí al
Oscar como mejor actor secundario.
La trama de Argo no le da tregua al espectador, que ve cómo
los hilos de la historia se van tensando y sufre en su silla por la suerte esos
personajes, cuyo destino es incierto. Creo que merecidamente la película ha
sido clasificada por algunos en el género de aventuras; por ese ritmo
trepidante y por su sabor a intriga política en algunos aspecto me recordó
North by Northwest de Hitchcock. Pero sin duda el precedente más notable es Wag
the dog (1997), la película de Barry Levinson, que también aborda el tema del
cine y la política internacional.
Un aspecto notable además es la fotografía de Rodrigo Prieto
(Beutiful, Babel, Brooke Back Mountain, 8 Mile, Amores perros…) que por ratos
lo hace a uno pensar que está viendo una película de Sidney Lumet. Eso sin
mencionar la increíblemente minuciosa dirección de arte.
Quedan para el olvido los planos en los que sin razón
aparecen los pectorales y los abdominales del protagonista. Pero sobre todo, para
el olvido los planos le atribuyen a la cinta el tufillo heroico y chauvinista
que nos hace recordar el fantasma del Affleck de Pearl Harbour.
Trailer
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domingo, 13 de enero de 2013
La muerte de Mamatoco (I)
Primera entrada sobre historia de Colombia. Dedicada a un oscuro boxeador cuyo asesinato marcó el peor momento de una enemistad política legendaria.
Una conclusión posible sobre la situación del presidente
Alfonso López Pumarejo durante su segunda administración (1942) es que, si bien los escándalos que la entorpecieron hubieran logrado hacerle daño sin que
importaran mucho las circunstancias que los acompañaron, hubo una especialmente dañina sin la cual probablemente López habría descartado su
renuncia: su reciente enemistad con Laureano Gómez.
Ambos habían estado en contra del régimen de Abadía Méndez.
Ambos acecharon al viejito Marco Fidel Suárez hasta que lo hicieron renunciar de la presidencia en 1921 y lo llevaron a la amargura: Gómez, además de reprocharle el
desenlace del conflicto de Panamá, no le perdonó haber gestionado en el Banco Mercantil
el adelanto de algunos de sus sueldos de presidente*. López lo fustigó “por
haber pagado unas resmas de papel de imprenta destinadas a publicaciones
oficiales, a treinta pesos en vez de once, como se lo ofrecieron otros
contratistas”. En esos términos lo recuerda Suarez en Los Sueños de Luciano
Pulgar. Gómez apoyó la primera candidatura de Alfonso López Pumarejo (1934), y
durante su posesión como presidente de la república pronunció un discurso en el
que evocaba la gran amistad que los unía. Unos días antes López había declarado a El Tiempo: “Mi amistad
con Laureano Gómez es digna de respeto. Me parece muy importante que el jefe
del partido conservador defina la posición de su partido frente al gobierno
liberal en el acto de inauguración presidencial el próximo siete de agosto. Sin
embargo, una vez posesionado López, no tardó en aparecer el motivo que
constituyó el inicio de una enemistad legendaria en la vida pública de Colombia,
equiparable a la de Obando y Mosquera y mucho más feroz sin duda que la de
Santos y Uribe en nuestros días.
“Mi amistad con Laureano Gómez es digna de respeto. Me parece muy importante que el jefe del partido conservador defina la posición de su partido frente al gobierno liberal en el acto de inauguración presidencial el próximo siete de agosto”.
________________________________________________________
En 1930, luego de cuarenta y cinco años de hegemonía
conservadora, Enrique Olaya Herrera, un
político liberal llegó a la presidencia. Tiempo después un rumor recorrió el país como un incendio: cerca de un
millón de los votos que eligieron a Olaya Herrera eran falsos. El hecho nunca
pudo comprobarse pero López se comprometió a elaborar un código electoral que
en el futuro le garantizara al partido conservador unos comicios justos. El
parlamento aprobó entonces una ley electoral pero, según Laureano Gómez, dicha
ley no le daba al conservatismo una representación adecuada. A propósito del
asunto Laureano escribió lo siguiente en el editorial de El Siglo de marzo 22
de 1937: “Declaro que creí siempre en su palabra (en la de López), sin abrigar
al respecto ninguna reserva. Las circunstancias peculiares en que él y yo nos
encontrábamos me deciden a expresar en público el siguiente interrogante que
hace ya meses formulo a solas y con honda desolación todos los días: ¿El de señor López me engañaba?” (Extraigo la cita del
libro de Álvaro Tirado Mejía: Aspectos políticos del primer gobierno de Alfonso
López Pumarejo).
De cualquier forma, no fue solo el incumplimiento de una
promesa lo que lo que determinó el alejamiento de los dos políticos. Las
convicciones de Laureano hacían imposible su amistad con el gobernante liberal:
el ‘zarpazo’ de Roosevelt había acentuado un sentimiento anti yanqui que tenía
fundamentos religiosos y radicales ¿Cómo
iba a tener él en buena consideración a un país en el que convivían sin ningún
inconveniente protestantes masones y judíos? Laureano se manifestó en contra de
los Estados Unidos en la Primera y Segunda Guerra Mundial, y apoyó
decididamente a Franco durante la guerra del treinta y seis en España. López en cambio estuvo a favor de la
república y puso el Ejército Colombiano a las órdenes de los Aliados. Además de
eso puso a funcionar su famosa Revolución en Marcha, que contradecía
fundamentalmente las ideas del caudillo conservador.
* Eduardo Lemaitre sugiere que el aborrecimiento de Laureano por Marco Fidel surgió en 1914 luego de un debate en el congreso cuando Suárez era Canciller y trataba de sacar adelante el Tratado con Estados Unidos para normalizar las relaciones luego del despojo de Panamá. El señor Canciller quiere que firmemos el tratado como unos ovejos, dijo Laureano durante su intervención. Suárez, que fue un gramático consumado, uno de los más grandes en este país de gramáticos, interrumpió para corregirlo: no existen los ovejos. Laureano lo miró con furia pero el viejito continuó: el macho de la oveja se llama carnero. Durante mucho tiempo Laureano Gómez fue conocido informalmente como 'el ovejo'.
La muerte de Mamatoco (II)
La muerte de Mamatoco (III)
* Eduardo Lemaitre sugiere que el aborrecimiento de Laureano por Marco Fidel surgió en 1914 luego de un debate en el congreso cuando Suárez era Canciller y trataba de sacar adelante el Tratado con Estados Unidos para normalizar las relaciones luego del despojo de Panamá. El señor Canciller quiere que firmemos el tratado como unos ovejos, dijo Laureano durante su intervención. Suárez, que fue un gramático consumado, uno de los más grandes en este país de gramáticos, interrumpió para corregirlo: no existen los ovejos. Laureano lo miró con furia pero el viejito continuó: el macho de la oveja se llama carnero. Durante mucho tiempo Laureano Gómez fue conocido informalmente como 'el ovejo'.
La muerte de Mamatoco (II)
La muerte de Mamatoco (III)
jueves, 3 de enero de 2013
Lecturas de vacaciones (IV)
Emma Reyes - Memoria por correspondencia
Reseña de un libro hermoso, uno de los mejores de 2012.
![]() |
| Emma Reyes, Memoria por correspondencia, Bogotá, Laguna Libros y Fundación Arte Vivo Otero Herrera, 2012. |
Luego de leer Memoria por correspondencia me tomó varios
días superar esa especie de duelo que se siente al terminar de leer ciertos libros. De hecho esas palabras sobrias y precisas me siguen retumbando en el oído.
El libro consta de veintitrés cartas escritas por la Emma
Reyes desde 1969, a lo largo de casi treinta años, y dirigidas a su amigo Germán Arciniegas,
quien encontró en ese recurso epistolar
la posibilidad de que Emma relatara por escrito las historias de su infancia
que siempre había contado de viva voz. Al parecer ella no se tenía mucha fe
escribiendo. Incluso en alguna carta le manifiesta a Arciniegas su desconcierto
por no contar los sucesos de una manera clara y legible. Pero lo cierto es que
como escritora Reyes demuestra una habilidad excepcional para crear imágenes, lo
cual probablemente esté relacionado con su talento como pintora y artista
visual.
Algunas personas resaltan la conmoción que les produce la
lectura de esas historias descarnadas y llenas de detalles crueles, pero creo
que lo que prevalece a lo largo de todo el libro es el vigor con el que Emma y su hermana Helena se sobreponen a las adversidades de su niñez en Bogotá, tan
llena siempre de hambre y de infamias: las niñas, descorazonadoramente pobres, desconocen a sus padres y viven bajo la custodia de una mujer que a
la primera oportunidad las abandona en una estación de tren, razón por la cual
van a dar a un convento donde por caridad las monjas terminan su crianza.
Emma Reyes nos cuenta relatos sencillos pero memorables,
llenos de una belleza amarga y de un sentido del humor implacable: las
peripecias que debía hacer a los cuatro años para botar las bacinillas pesadas de mierda;
la felicidad que le producía, en el frío de Fusagasugá, ponerse en las mejillas los huevos tibios y recién puestos de las gallinas; la
noche en la que en un patio del convento se le apareció el diablo; la primera
vez que se confesó y le pidió al cura perdón por orinarse en la cama; la tarde
en que se subió a un árbol para tratar de ver al niño Jesús; los castigos
crueles y absurdos de las monjas…
Pero Memoria por correspondencia es además, como era de
esperarse, una rendija para asomarse a
la Colombia de los años veinte: un país precario e inocente en el que los
incendios que dejaban cien muertos se apagaban a poncheradas; y en el que un carro, ese invento desconocido y
exótico, era recibido por muchos con el estupor y el asombro con el que se
recibe a una bestia.
Leyendo a Emma Reyes recodé mucho a Frank McCourt y al Roddy Doyle de Paddy Clark JaJaJa, e insisto en que por disímiles que puedan parecer, hay muchísimos puntos de encuentro entre el pasado miserable de Irlanda del Norte y el de Colombia.
Leyendo a Emma Reyes recodé mucho a Frank McCourt y al Roddy Doyle de Paddy Clark JaJaJa, e insisto en que por disímiles que puedan parecer, hay muchísimos puntos de encuentro entre el pasado miserable de Irlanda del Norte y el de Colombia.
Sin duda estamos ante una obra que terminará convertida en
un gran clásico de nuestra literatura.
miércoles, 26 de diciembre de 2012
Lecturas de vacaciones (III)
La Soledad del Lector, David Markson
Hay libros que acechan
al lector hasta que se imponen. Aparecen
algún día en una conversación, de
manera casual e imprecisa, y luego regresan,
agazapados en un pie de página o
mirándonos ansiosos desde su estante en la librería. Y entonces ya no
queda más remedio que atender a ese llamado. Algo Así me ocurrió con La Soledad
del Lector de David Markson, libro que se
ha convertido en una suerte de furor en algunos círculos de lectores en América
Latina y España. Aunque moderadamente, eso sí. A mí por lo menos me tocó mandarlo
traer desde Bogotá, porque en las librerías de Medellín nadie había oído hablar
de él.
Publicado originalmente en 1996 con el nombre de Readers
Block (título que en lo personal considero más significativo que el de la
traducción), la novela de Markson apareció en el 2012 en el panorama de los
lectores hispanos gracias a la edición de
La Bestia Equilátera. Y al parecer, por lo que he leído, hace parte de
una trilogía. Mi entusiasmo inicial estuvo fundamentado en que pensé que se
trataba de un libro de ensayos: entre más pasa el tiempo más razones se me
ocurren en contra de las novelas. En fin,
achaques. El caso es que solo dos días después de haber hecho el pedido llegó a mi puerta un sobre con el volumen;
algo más de doscientas cincuenta páginas.
Una costumbre de lector romántico y estúpido que conservo tal vez desde la infancia es la de oler
minuciosamente los libros una vez caen en mis manos. Con los ojos cerrados,
para añadir un detalle aun más patético. Luego doy un repaso a las páginas para
darme una idea de a qué tipo de ladrillo
me enfrento. La Soledad del Lector olía bien, una mezcla de pulpa, pegamento y
tinta. Típico. Pero ante todo lucía
extraño. De principio a fin párrafos muy breves, incluso líneas, bien separados
unos de otros. Nada de capítulos ni apartados. La novela lucía más bien como un
libro de aforismos. Empecé a leer.
"El cadáver de Laurence Sterne fue vendido a una escuela de medicina por unos profanadores de tumbas. Casi lo habían diseccionado por completo cuando por casualidad alguien lo reconoció." David Markson.
Ante todo, y como
señala una cita de David Foster Wallace en la contraportada, La Soledad
del Lector es un relato experimental (el punto más alto en la ficción norteamericana,
continua diciendo Foster Wallace). No hay en ella nada de lo que uno habitualmente
espera encontrar en una novela. No hay diálogos, no hay hilo narrativo… casi
podríamos decir que no hay personajes a excepción de dos entes abstractos
llamados el Lector y el Protagonista de quienes no tenemos descripciones sino más bien hipótesis o preguntas: ¿Y por
qué el lector siempre visualiza el atardecer? (p. 147) ¿al menos el Lector tomó
una decisión acerca de darle al protagonista algún tipo de pasado? (p. 192) Pero
en realidad ninguno de los dos tiene cuerpo
ni carácter. Y sin duda no fue intención del autor que lo tuviera. Ellos están allí, tal vez, para hacernos dudar
en algún momento de quién es el verdadero creador a la hora de leer una ficción
y para dejarnos la pregunta de dónde
viven quienes habitan esas ficciones. O
tal vez no sirven para nada. Porque por momentos uno parece olvidarse de ellos,
hipnotizado por la marea de datos curiosos, absurdos y muy probablemente
inoficiosos sobre todo tipo de artistas y escritores y personajes históricos,
es como estar leyendo la Enciclopedia de Datos Inútiles de Homero Alsina Thebernet.
"Cuando Daumier tenía sesenta años, era indigente y estaba completamente ciego, Corot compró la casa que Daumier alquilaba y se la regaló." David Markson.
Markson nos habla de suicidios: Jack London se suicidó… Y
unas páginas más adelante: John Rigo se suicidó. Y luego: George Eastman se
suicidó. Nos habla de vidas miserables, de la gonorrea padecida por este o del
alcoholismo de aquel. Nos hace un censo minucioso y espaciado de antisemitas: Séneca era antisemita.
Tácito era antisemita. Chesterton era antisemita… Recuerda fragmentos breves de
obras célebres, etc., etc… Y todo lo hace con ese estilo raro y repetitivo de párrafos
brevísimos que dan la impresión de estar leyendo un timeline de Twitter. Y mucho
más aun: dan la impresión de estar repitiendo un mantra.
viernes, 21 de diciembre de 2012
Secuencias del 2012
Puesto que es frecuente hacer listas a estas alturas del año, aquí
está mi lista de películas preferidas durante el 2012.
1. Moneyball
Mi preferida este año fue la modesta cinta protagonizada
por Bad Pitt y dirigida por Bernett Miller que estuvo nominada al Oscar en la
categoría de mejor película y obviamente no ganó. Se trata de un festín de
actuaciones: Jonah Hill, Phill Seymour Hoffman y, cosa que hace mucho rato dejó
de extrañarme, Brad Pitt. Pero además es un lujo de adaptación, a cargo de dos maestros: Steven Zeillan y Aaron Sorokin.
Billy Beane, gerente general de los Atletics de Oakland, un equipo de beisbol
pobre y sin aspiraciones, idea un método estadístico para seleccionar jugadores
talentosos desechados por otros equipos…
El resultado es una especie de revolución de la sensatez. La película es
un producto típico de Hollywood, pero es mesurada y tiene el aliento del gran
cine clásico norteamericano.
Esta secuencia, que por suerte está en
youtube, resume lo mejor de las actuaciones y del guion.
2. Tinker, tailor, soldier, spy
Pasé un tiempo sin sacarme esta película de la cabeza. Creo que todo en
ella es fuera de serie: los actores, la fotografía, el guion, la dirección de
arte… en fin. La banda sonora hace parte ahora de mis debilidades. Creo que en su contra
tiene que por momentos la trama se pone demasiado densa y uno escasamente puede
parpadear sin perderse una clave fundamental. Yo en todo caso tuve que ir a ver
la dos veces.
Lo mejor de la película, a mi juicio, esa última secuencia tan llena de alusiones y tan
evocadora con Julio Iglesias sonando en primer plano; un momento magistral de la
elipsis como recurso cinematográfico.
3. Incendies
De cuando en cuando los directores
canadienses nos devuelven la fe en el cine. Eso me paso este año con esta cinta
de Denis Villeneuve que se siente como una patada en el hígado… Creo que la discusión
sobre la originalidad esta saldada desde hace mucho tiempo: ya todo está dicho.
Eso sí: aún quedan maneras de decirlo; y en efecto Villeneuve nos cuenta una
historia vieja de la cual hemos visto
innumerables variaciones, pero nos la cuenta a su manera, en un escenario lleno
de evocaciones atroces: el Oriente Medio con su laberinto de rencores y de
guerras… El resultado es una suerte de tragedia
griega en nuestros tiempos, muy difícil
de digerir, casi absurda… pero posible en este mundo brutal. Y absurdo.
Un momento especial: la secuencia inicial,
con la lánguida voz de Tom Yorke y el entramado de guitarras de Radiohead al fondo.
4.
El caballo de Turín
Por supuesto no voy a poner en duda la reputación de Bela Tarr,
pero El caballo de Turín bien podría no significar
nada. Es una de esas obras tan llena de sentido que se parecen un poco al
silencio. Y tal vez por es difícil de abarcar. Los personajes, como Joseph K, como Molloy, Lucky o Pozo, p arecen ignorar de dónde vienen
y ante ellos el camino siempre es incierto. En efecto la película podría haber
sido concebida por Samuel Beckett o Franz Kafka. Está llena de incertidumbre,
pero creo que justamente allí esta su belleza, en el hecho de estar lejos de
ser explícita. Creo que es más un poema que un filme. Y lo es muy especialmente
por el poderío de su fotografía
Para el recuerdo siempre, la secuencia inicial, que además de poema es tratado de filosofía.
5.
La Sirga
Estoy seguro de que La Sirga es un gran
hito en la historia del cine colombiano, que con gran frecuencia es directo, llano,
casi obvio. Aquí, por el contrario, nos encontramos con una obra elusiva, que
evoca realidades, pero no se entrega a la primera interpretación. De hecho creo
que esta historia, como cualquier gran historia, podría pertenecer a la
tradición cinematográfica y narrativa de cualquier país. Me recordó muchísimo, por ejemplo, a Tarkovski.
Visualmente para mi está al nivel de El
Caballo de Turín y de Tinker Tailor Soldier Spy, por mencionar dos películas
soberbias de este mismo conteo.
Y su banda sonora sin duda merece una mención
especial.
Ver reseña completa de La Sirga en este blog
Ver reseña completa de La Sirga en este blog
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