A propósito de su visita a la U de A...
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lunes, 3 de junio de 2013
viernes, 29 de marzo de 2013
lunes, 27 de agosto de 2012
Caricatura: Alfred Hitchcock
Tenía un poco olvidados los ejercicios de caricatura. En varias oportunidades empecé algunos que siguen ahí como en una especie de purgatorio. Y lo cierto es que ese trabajo a caballo entre lo digital y lo análogo a ratos se pone cansón.
En esta oportunidad es Hitchcock. No voy a decir mucho de él, amparado en el hecho de que estas es una entrada de imagen y en realidad ahora mismo no se me antoja mucho escribir. Lo único es recordar la emoción que me produjeron cuando las ví por primera vez películas como The trouble whit Harry, North by Northwest, la Soga, Spellbound, Pshyco, Los pájaros... eso sin mencionar Vértigo, que tanto tiene hablando a todo el mundo ahora.
Algunas entradas similares:
Balzac, B.B king, Keith Richards, Woody Allen, Quevedo, Robert Walser
sábado, 5 de mayo de 2012
Reseña: El topo de Thomas Alfredson
Tras los colores de la traición

Luego de Let the rigth one in el director sueco nos entrega una película sofisticada y hermosa que les puede resultar difícil a algunos espectadores.
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| Gary Oldman, brillante como es costumbre, esta acompañado por algunos de las actores ingleses más brillantes de su generación: John Hurt, Colin Firth y Mark Strong. |
Hace unas semanas dejé de resistirme a la tentación y comencé a ver esta largamente esperada película de Thomas Alfredson en Cuevana, pero luego de algunos minutos de esa fotografía hermosa decidí que definitivamente debía seguir esperando para apreciar semejante espectáculo, como debe ser, en una pantalla de cine. Y en efecto, creo que valió la pena.
Hoyte van Hoytema, a quien recordamos
bien por su anterior trabajo con Alfredson en Let Rigth one in y por The fighter
con David O. Russell, es el encargado de la dirección de fotografía. Se trata
de una labor impecable que transmite perfectamente el aura de soledad y
aislamiento que caracteriza a todos los personajes; y lo hace en gran medida
gracias al trabajo en equipo con un personaje que ya nos ha dejado con la boca abierta
en otras ocasiones: la Directora de Arte María Djurkovic, cuya hoja de vida incluye un
joyas como Las Horas y Billy Elliot.
En esta adaptación del libro de Le Carre no vemos nunca un
color vivo (excepto eso sí por el rojo vino tinto que viste Ann, la mujer de
Smiley, la noche en que él la descubre con otro hombre) Todos los decorados
están dominados por tonalidades frías o colores tierra, a pesar de que los
principios de la década de los setentas, época en la que se desarrolla la
película, abundaban en colores estridentes, propios de la psicodelia. En esa decisión
cromática hay una gran sabiduría que va desentrañando lentamente el recorrido
de George Smiley por el laberinto que lo llevará a descubrir al agente doble,
al traidor, al topo que lleva años infiltrado en las altas esferas del servicio
secreto británico.
En Dial M for Murder Hitchcock nos informa lentamente de la
tragedia interior que vive la protagonista, Grace Kelly, por medio de los
colores de sus vestidos. Al principio vemos una mujer esplendorosa que viste
trajes y abrigos de colores intensos: en alguna secuencia inicial, en el apogeo
de su amor, la vemos vestida de rojo intenso, por ejemplo. Pero a medida que avanza
la trama y la traición de su marido empieza a ser evidente, esos colores, casi
sin que nos demos cuenta comienzan a congestionarse con tonalidades ocres cada
vez más opacas.
En El Topo vemos como el gris agente Smiley, derrotado al
principio, viejo, abandonado por su
mujer y despedido de su trabajo, se va convirtiendo en un personaje cada vez
más nítido hasta que en la secuencia final lo vemos triunfal, impecablemente vestido con un traje negro cuyo
tono es tal vez el más intenso en toda la película, lo vemos casi esbelto
delante de una pared naranja sentado en el sitio que antes ocupó Control … Y
como en la película de Hitchcock comprendemos cómo la fotografía y sus colores también
nos habían ido contando la historia en
silencio.
viernes, 20 de abril de 2012
Un recuerdo de Fenhofer
Reseña de la pequeña gran obra de Honore de Balzac
Ante todo La
obra maestra desconocida es un inesperado tratado literario sobre cómo
percibimos el arte. Un antecedente muy a su manera del trabajo de Wassily Kandinsky
o Rudolf Arnheim. De hecho es muy probable que hasta 1926, año en el que se publicó
Punto y línea sobre el plano nadie hubiera logrado una reflexión tan condensada
y profunda sobre los componentes básicos
de las artes visuales.
Hay quienes
le han otorgado la etiqueta siempre imprecisa de ´novela corta’, pero en rigor
probablemente solo alcance el estatus de relato. Fue publicada por primera vez
en 1831 en la revista L’Artiste y algunos años después fue incluida en el tomo
XV de La comedia humana (los estudios filosóficos), al lado de obras como La
piel de zapa y La búsqueda del absoluto. En total la historia no ocupa más de
unas cuarenta páginas. Los protagonistas son tres pintores, dos de los cuales
son figuras reales de la historia del arte: François Porbus, destacado retratista, y Nicolas Poussin, gran
representante del clasismo, ese movimiento que surgió en el siglo XVII como reacción a la
extravagancia del Barroco; el
tercero es Fenhofer, un viejo maestro de la pintura que se
ha pasado la vida tratando de arrebatarle a la naturaleza el secreto supremo de
la Belleza, una suerte de alquimista obsesionado con convertir el arte en vida.
Porbus y
Poussin, encandilados por brillo secreto de Fenhofer, quieren ver a toda costa la pintura en la cual el viejo ha trabajado
durante años, quieren arañar un poco de su sabiduría. Pero cuando finalmente logran
su objetivo se encuentran con que la obra escapa por completo a su comprensión (la visión es un presagio de lo que mucho despues sería la pintura de Willem de Kooning, Alberto Giacometti o Mark Rotko, por mencionar solo unos nombres)…
Un hecho reconocido por todos los estudiosos de su obra es que Balzac para esa
época estaba notablemente influenciado por las narraciones fantásticas de E.T.A
Hoffmann, lo cual es evidente en la Piel de zapa, por ejemplo. En la obra
maestra desconocida además se sienten vestigios de Mary Shelley y en últimas
del antiguo mito de Prometeo. También hay rastros de Pigmalión. Esa pintura
laboriosa de Fenhofer es el cuerpo desnudo de una mujer a la cual el maestro quiere dar vida: una
veladura aquí para separar el cuerpo del fondo, una pincelada allá para sugerir
el flujo cálido y apacible de la sangre, un pequeño empaste para el brillo que
dará vida a los ojos…
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| Ilustraciones de pablo Picasso para la edición de 1931 |
Aunque el relato transcurre en los primeros años del siglo XVI, Fenhofer es la encarnación de las grandes preguntas que el arte, muy especialmente la pintura, se estaba haciendo en la Europa que se había ido cocinando en los calores de la Revolución Industrial. La presencia de Poussin en la historia representa el carácter apolíneo, equilibrado y cerebral de la pintura que había puesto en cintura la imaginación encendida del manierismo. Pero su deslumbramiento por la presencia dionisiaca de Fenhofer representa al mismo tiempo el anhelo de pintores románticos como Turner, Delacroix o Gericault por desprenderse de la frialdad académica para imprimirle a sus lienzos el vértigo de la vida y ser fieles a la máxima de Victor Hugo según la cual ‘todo lo que la naturaleza contiene, incluso lo grotesco, merece la atención del artista’.
Balzac, que era cercano a gente como Theophile Gautier, y por lo tanto cercano a las discusiones de los círculos artísticos de la época, nos depara por medio de Fenhofer párrafos totalmente reveladores acerca de lo que J.J Belgion dio en llamar ‘la gramática del arte: nos recuerda por ejemplo que la línea no existe en la naturaleza y que la realidad esta integrada por planos de luz que se superponen o se limitan. Y el trabajo del pintor es modelar la vida con esa luz.
Un aspecto curioso es que Fenhofer, un personaje creado por la literatura, se haya convertido en una influencia tan notable para la pintura del siglo XX. En Una Fábula del arte moderno, Dore Ashton describe minuciosamente la manera cómo dos de los pilares de la pintura como hoy la conocemos, Paul Cezanne y Pablo Picasso, vivieron y obraron hechizados por el misterioso personaje de Balzac. Ashton describe por ejemplo la convicción con la que Cezanne, ya en su vejez, se paró alguna vez ante su amigo Joseph Bridou para declararle, conmovido: Yo soy Fenhofer…. en efecto habría que decir pocos han asumido la pintura con la poderosa y secreta convicción de estar rehaciendo el mundo como lo hizo el maestro de Provenza (Gioto, Rafael, Rembrandt…) por su parte Picasso, que ilustró la edición que Abroice Vollard hizo en 1931 de La obra maestra desconocida, y que manifestó siempre su interés por el viejo protagonista, vivió siempre dominado, como Fenhofer por el tema del pintor y la modelo, por ese vínculo de posesión y creación que se crea entre ellos.
sábado, 31 de marzo de 2012
Caricatura: B.B King
Segunda entrada consecutiva, segunda caricatura, dedicada a la guitarra.
Según una de las historias más conocidas de el viejo Riley.B King, antiguamente conocido como The Beale Street Blues Boy, una noche helada de 1949 mientras tocaba en un oscuro salón de baile de Arkansas dos hombres comenzaron a golpearse inesperadamente. En medio de la pelea los dos tipos echaron por el piso uno de los barriles de queroseno ardiente dispuesto para menguar el frío. El incendió comenzó de inmediato y todo el mundo corrió despavorido. Una vez a salvo, B.B King recordó que adentro había dejado parte de su vida: su hermosa guitarra Gibson ES semiacústica; entonces, sin importarle el riesgo, regresó....
El accidente dejó dos personas muertas.Al día siguiente B.B descubrió que aquellos hombres estaban peleando por una mujer llamada Lucille. Y fue así como llamó a su guitarra en adelante...
El accidente dejó dos personas muertas.Al día siguiente B.B descubrió que aquellos hombres estaban peleando por una mujer llamada Lucille. Y fue así como llamó a su guitarra en adelante...
jueves, 15 de marzo de 2012
Dos caricaturas
Beckett
Borges
Lentamente he vuelto a mi vieja afición por la caricatura.
Creo que el dibujo en general es una de las formas de la felicidad. Es un
placer sobrio, pero duradero. La caricatura en particular es además un juego.
Hace poco leí en cierta revista un ensayo en el que su autor, pretenciosamente, decía que la escritura, y tal vez la lectura, eran las únicas formas verdaderas de hacer silencio y estar consigo mismo… Son muy curiosos, casi infantiles, esos esfuerzos por sacralizar ciertos oficios. Lo recuerdo en todo caso porque es evidente que el tipo nunca intento dibujar o pintar… o componer, diría tal vez un músico (o cocinar… en fin).
Hace poco leí en cierta revista un ensayo en el que su autor, pretenciosamente, decía que la escritura, y tal vez la lectura, eran las únicas formas verdaderas de hacer silencio y estar consigo mismo… Son muy curiosos, casi infantiles, esos esfuerzos por sacralizar ciertos oficios. Lo recuerdo en todo caso porque es evidente que el tipo nunca intento dibujar o pintar… o componer, diría tal vez un músico (o cocinar… en fin).
Estos dos personajes, además de entrañables, son muy caricaturescos ¿De Borges qué puede decir uno sin redundar…? Me gusta recordar esa anécdota
según la cual el tipo, consciente de su magnetismo y del mito en que se estaba
convirtiendo, declaró en una entrevista que Borges era una invención de Adorfo
Bioy Casares y Alfonso Reyes, que en realidad eran los autores de sus obras, y
que él solo era un actor, Aquiles Scattamasha (o algo así), interpretando el
papel del escritor ciego. Quería convertirse a sí mismo en una especie de
Shakespeare o de Homero.
De Beckett lo único que se me ocurre decir ahora es que
quisiera haber visto muchas más veces “Esperando a Godot”.
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