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domingo, 8 de abril de 2012

Caricatura: Woody Allen





Woody Allen


Ejercicio de caricatura sobre alguien difícilmente más caricaturizable.

No hay mucho que quiera decir de Woody Allen, excepto que espero cada una de sus películas como si fuera el mensaje de un viejo amigo. Incluso, así como me ocurría con Ernesto Sábato, de tiempo en tiempo me descubro pensando lo mucho que voy a extrañar su forma de ver el mundo cuando el tipo deje de filmar.

miércoles, 28 de marzo de 2012

Caricatura: Keith Richards




Keith Richards (Flickr)




La idea cuando inicié este blog hace ya casi un año era escribir también sobre  la guitarra. A estas alturas creo que no lo he hecho más de tres veces… No sé bien qué ha pasado, pero no importa.  Esta entrada, que es más la imagen que el texto, quiere empezar a corregir esa falta.

Como tantas otras personas siento una reverencia ciega y sin duda injustificada por los Rolling Stones, muy especialmente por su guitarrista Keith Richards (también por Ronnie Woods, pero ya llegara el momento de hablar de él). Digo que injustificada porque creo que lejos de la fama que los asiste, los Stones en conjunto son unos músicos corrientes, y tal vez hasta mediocres, aunque llenos de destellos esos sí. El hecho de que se hayan convertido en leyendas hace parte de esa suma de fenómenos con frecuencia absurdos que constituyen la cultura pop.  Y Richards en particular no esta ni siquiera cerca de ser un virtuoso, por lo menos no de la manera tradicional. Pero tal vez en eso radica la fascinación que me produce su estilo. En él hay muy poco de autómatas como Steve Vai, Joe Satriani o Eddie Van Helen, guitarristas obsesionados por impresionar demostrando quién es más rápido. El viejo maestro del riff se toma su tiempo con las cuerdas, lo hace lentamente  y sin pirotecnias, a la manera de Jhon Lee Hooker. Es uno de esos artesanos de la guitarra que se detienen en cada nota, como saboreándola y haciéndole el amor con sabiduría, pero de la manera más lúbrica y obscena.

sábado, 10 de marzo de 2012

5. Grabriel García Márquez


Quinta entrada dedicada a la serie de retratos y/o caricaturas (con dos posters adicionales)
Gabriel García Márquez



cien años de soledad (mediano)


el otoño del patriarca


Esta entrada tiene todo para ser odiosa: se retrata a García Márquez con mariposas amarillas, se celebra su cumpleaños número 85, y se recalca lo detestable del personaje.

García Márquez fue un amor de la adolescencia. Recuerdo el día en que mi padre me regaló Cien años de soledad. De inmediato empecé una lectura frenética que solo terminó dos días después. Era Semana Santa y desde entonces tengo la costumbre de releer cada año, por esa época, algunas páginas de aquel ejemplar, que aún conservo ya destartalado y decrépito. Una vez, en la Plaza central de Villa de Leyva, al lado de la fuente, comencé a leerle un fragmento en voz alta a Camila; al cabo de un rato había un puñado de espontáneos e inesperados oyentes felices.

En la universidad conocí un profesor que idolatraba tanto al libro como al autor. En una oportunidad analizó durante dos horas la conjugación del verbo 'haber' en la primera frase de la novela. Decía cosas como: esta es una obra perfecta ¿pero ustedes sí saben que tiene dieciséis ‘que’ galicados? Todos mis compañeros lo miraban con desdén, casi con desprecio, pero yo me iba a releer el libro para encontrar los ‘que’ galicados por mi cuenta.

Había leído tal vez todo, desde Ojos de perro azul hasta Del Amor y otros Demonios cuando escuchaba a Mario Escobar, en su taller de escritores, decir cosas que me hacían gracia: García Márquez es un hideputa, decía el viejo sin mayores explicaciones, con la misma tranquilidad con la que se autoproclamaba mejor novelista que Milán Kundera. Con el tiempo, y con la tristeza de quien pierde un ídolo, comprendí que por lo menos en lo primero tenía razón. 

Ahora no logro conciliar la imagen del creador de Macondo con la figura pública inalcanzable y siempre reverente con el poder, pero en mi fuero de lector sigo recordándolo con profunda gratitud.