domingo, 24 de febrero de 2013

Oscars 2013

Premios Oscar 2013

Y las nominadas son...

Life of Pi


Se trata de una de esas historias de superación personal que les encanta a los jurados. Después de que el buque en el que viaja con sus padres naufraga, un niño sobrevive durante meses al garete en el océano en una pequeña balsa en compañía de un tigre de bengala feroz.

Ang Lee fue considerablemente fiel al libro de Jean Martel. En particular me resultó conmovedor y bien logrado el momento en el que Pi Patel y Richard Parker, el tigre, llegan al final de su viaje: el animal, famélico y atolondrado, se interna lentamente en la selva y se olvida, por instinto prácticamente, de su amigo y benefactor con una facilidad asombrosa. Probablemente todos nos hemos sentido en algún momento como Pi se sintió en ese instante. La película es en efecto un banquete visual, cosa habitual en Lee, que en esta oportunidad contó con la fotografía de Claudio Miranda, el chileno que tantas veces ha acompañado a David Fincher. Incluso esta cinta tiene un poco de la pirotecnia visual y el encanto de El misterioso caso de Benjamin Button.

Pienso que, de todas las cintas en competencia, es la más perfectamente cortada con las tijeras del Oscar.

Lincoln


Tenía la convicción de la película iba a resultar aburrida hasta el sopor, pero me equivoqué. Obviamente su ritmo está lejos de ser frenético, pero los ires y venires de la reforma que finalmente abolió la esclavitud en un país tan pretendidamente libertario, tienen su propia tensión. Otro factor que juega muy a favor de la  narración es Daniel Day Lewis, tan soberbio como siempre y en un registro tan opuesto al de su anterior personaje en There will be blood.

A estas alturas tal vez solo John Huston contó la historia de Note América tan sistemáticamente en el cine como lo viene haciendo Steven Spielberg.

No creo que gane el premio a mejor película; pero sin duda DDL, ganará al de mejor actor.

Zero Dark Thrirty


A la larga esta nueva película de Kathrin Bigelow es una variación de su ópera prima: The hurt loker. La protagonista, Maya, vive por su trabajo, no se concibe sin él. En esa medida la película va mucho más allá del asunto de la guerra imperialista emprendida por los Estados Unidos luego del 9-11. Pero sin duda esa guerra es uno de los ejes de la narración y a diferencia de quienes piensan que se trata de una exaltación del orgullo americano, considero que Bigelow da un paso más en el camino que emprendió Spielberg cuando en Munich reflexionó sobre el vació y la locura de las guerras contra el terrorismo. Una guerra en la que los contendores, todos, terminan convertidos en fantasmas atormentados y atroces.

Como se ha repetido una y otra vez, la narración de los diez años de persecución a Bin Laden avanza a zancadas, casi no da respiro. A ratos resulta tedioso estar pendiente de tantos nombres… pero en general son dos horas cuarenta minutos muy digeribles.

Igual es una película hecha con el molde del Oscar. Encaja mucho más aun considerando que desde No country for old man incluso las historias oscuras admiten la consideración de los jurados.

Argo


Durante por lo menos tres cuartos del metraje nos encontramos con un triller político en clave de comedia considerablemente agradable. Pero las últimas secuencias son una payasada imperdonable. Una gringada. Creo que por esa razón es la cinta con más opciones para a ganar.

Django Unchained


Como ocurre en Lincoln, aquí nos encontramos con una cinta en la que un solo actor, en este caso Christoph Walz, hace que valga la pena pagar la boleta. Incluso ahora que lo pienso no hay más de dos secuencias de diálogos encantadores que no esté remachada por él. Cuando Walz ya no está en la película, la única alternativa que le queda a Tarantino son los balazos y las explosiones.

Es imposible que gane, reconociendo eso sí que los jueces son suficientemente estúpidos como para premiarla.

Beast of the southern wild


De tanto en tanto los miembros de la academia deciden nominar a un actor, a una actriz o a una película de la que nadie ha oído hablar para dejar en evidencia su erudición y su amplitud de miras. Eso pasó, por ejemplo, con Catalina Sandino. Este año la oportunidad fue para esta cinta de solo una hora y media que se hace larguísima por lo aburrida. En realidad hace mucho no me sentía tan desconectado de lo que ocurre en la pantalla.


Es a su manera una película tan pretenciosa como cualquier superproducción. En realidad la fatuidad no está solo en los grandes presupuestos y en la pirotecnia. El cine independiente, con su pretendida profundidad disfrazada de sencillez, se acerca con frecuencia a la misma superficialidad de la gran industria.

Por supuesto la niña, Quvenzhane Wallis, merece una mención aparte; y al lado de Emmanuelle Riva es tal vez la mejor dotada para recibir en esta oportunidad el premio a mejor actriz principal.

Amour


Tal vez debido a que con el paso del tiempo los niveles de testosterona tienden a mitigarse, ahora lloro fácilmente con algunos films. Y la verdad es que me gusta. Eso en todo caso me pasó con esta película de Haneke, que como era de esperarse cae como una patada en el hígado. El solo hecho de que haya directores que se atrevan a tratar con tal seriedad el universo de la vejez es ya un alivio en este mundo estupidizado por la obsesión con la niñez y con la juventud. Pero además es muy reconfortante ver el trabajo de artistas capaces de darle al amor, otro tema reducido a la ramplonería, una dimensión tan profunda.

No me cabe duda de que en un mundo en el que la estupidez no fuera la norma, Amour de Michael Haneke sería la rotunda ganadora del Oscar a la mejor película.

Silver linings playbook


Esta película es el peor irrespeto a la inteligencia del espectador que he visto en mucho tiempo. Todo en ella es por lo menos mediocre, sino decididamente malo: las actuaciones, empezando por Bradley Cooper, que luce sobreactuado todo el tiempo; y terminando con Robert De Niro en un papel demasiado torpe; Jennifer Lawrence no lo hace tan mal, pero de ahí a que la nominen a un Oscar y atrevidamente la pongan en el mismo nivel de Emmanuelle Riva… ahí sí hemos perdido la cordura del todo… 

Y ni qué decir de la dirección: David O. Rusell queda totalmente desdibujado a la luz de The Figther, que sin ser precisamente magistral, era una película aceptable y bien lograda.

Los Miserables


En mi vida solo he visto con gusto unos cuantos musicales: West Side Story, Singing in the rain, Jesus Christ Superstar y Dancer in the dark. El resto no los soporté. Por esa razón, y porque Los miserables es una de mis novelas preferidas, creo que me voy a abstener de ver la película de Tom Hooper.


miércoles, 13 de febrero de 2013

Django Unchained

Tarantino dispara de nuevo


Django Unchained


La película


La historia  tiene lugar dos años antes del inicio de la guerra civil en Estados Unidos. Una guerra cuyo núcleo fue la lucha por el fin de la esclavitud en un país que  paradójicamente inspiró sueños de libertad como el de la Revolución Francesa, pero mantuvo una actitud ambigua e incluso mezquina con la población negra hasta entrado el siglo XX. Django es un hombre negro, libre, que quiere encontrar y liberar a su esposa. Para ello cuenta con la ayuda de King Shultz, un alemán al cual la esclavitud le resulta extraña, una especie de ángel de la guarda de Django que no comprende ni acepta la realidad que viven los negros.

Tal vez el reclamo parezca absurdo, pero creo que presentar a un europeo como estandarte del discurso anti esclavista es por lo menos extraño: Europa desangró África con especial salvajismo en la segunda mitad del siglo XIX. Y Alemania en particular fue responsable del genocidio herero y namaca, acontecimiento que en rigor fue la semilla de brutalidad del régimen Nazi durante la Segunda Guerra Mundial.

Tarantino


Entre todos los cineastas relevantes de esta época, Tarantino es probablemente el más superficial y plano. Muchos se empeñan en esgrimirlo como una de las más puras encarnaciones  de la postmodernidad en el arte. Ignoro qué significa eso, y creo que nunca voy a tratar de entenderlo, pero creo que a Vargas Llosa  no le falta razón cuando plañideramente repite una y otra vez que en el mundo en que vivimos hoy preferimos la pirueta, el destello y el ingenio antes que la inteligencia reposada y la sabiduría. Y justamente en eso se fundamenta el encanto de Quentin Tarantino, por eso es un producto perfecto de esta sociedad nuestra de candilejas; postmoderna o no.


Los diálogos


Ahora, debo admitir que soy un fan decidido de esas películas estrambóticas y profundamente infantiles. Adoro ante todo los diálogos:  Vincent Vega y Jules Winnfield intercambiando ideas sobre los masajes de pies;  el Sr Rosa y el Sr Rubio disertando acerca de las propinas; Hans Landa agradeciendo un vaso de leche… en fin. Hipnotizantes. Esos diálogos resultan demasiado reales, tal vez por eso sorprende que alguien los ponga en una pantalla de cine. Pero son pirotecnia, como también lo son los chorros de sangre y los sesos desparramados y los brazos cortados. Detrás de todo ese artificio no hay nada. Nada. Ni postmodernidad, ni estética, ni nada. Solo piruetas.



 Quentin Tarantino

Christoph Wals y Leonardo Di Caprio


Este actor austriaco es tal vez lo mejor que le ha pasado a la filmografía de Tarantino en mucho tiempo. En Inglorious Basterds cada aparición suya es una delicia. La morosidad y el desparpajo para pronunciar sus diálogos; su presencia tan extraña: un hombre pequeño encarnando semejante monstro. En esta oportunidad también se convierte en la columna vertebral de la película; su personaje, el Doctor King Shultz, un casa recompensas sin muchos escrúpulos es demasiado fino  para el mundo en el que vive; y ese contraste termina por darle un sabor especial a la película.

También es un gusto ver a Di Caprio, otro de esos galanes de cuyo talento como actor no queda duda: Calvin Candie, delicado hasta rayar en el afeminamiento, es impredecible, encantador y brutal.

De Jamie Foxx es mejor no hablar: el tipo lo ha hecho bien en otras oportunidades, pero aquí, muy probablemente con el patrocinio del director, parece más un pandillero que otra cosa.

El Western


Cuando luego del estreno de Kill Bill Vo 2 se supo que el siguiente proyecto de Tarantino sería un western, recuerdo que me desvelé alguna noche, unos cuantos minutos, deseando que al loquito le diera por adaptar Meridiano de  Sangre, que como ya todo el mundo sabe, es uno de esos proyectos errantes en Hollywood. Pero creo que esa misma noche caí en la cuenta de que la novela de Cormac McCarty camina por territorios demasiado oscuros y profundos; en ella los personajes tienen muchas dimensiones. Definitivamente necesita otro director.


Un tiempo después se supo que el creador de Pulp Fiction exploraría la historia de uno de los personajes más emblemáticos del cine de vaqueros, muy en particular del spaguetti western: Tarantino iba a filmar una nueva versión de Django, pistolero interpretado antes por Franco Nero, entre muchos otros, e incluido en películas de Sergio Leone y Takashi Miike. Eso, por supuesto, tenía mucho más sentido que mi deliquio con el Juez Holden.

Resulta comprensible que Tarantino optara por un personaje y por una historia emblemática del western. En primer lugar, nunca ha filmado algo que no responda a la maquinaria de ese género: desde Resevoir Dogs hasta Kill Bill pasando por Jackie Brawn, el capítulo de  CSI y etcétera, etcétera. Y en segundo lugar porque las películas de vaqueros pertenecen al género que más se ha construido a partir de estereotipos, su esencia está en cumplir con ellos, en respetarlos. Quien filma un western cuenta un poco con el respaldo de todo el género. Un punto más a favor de Quentin.
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viernes, 1 de febrero de 2013

En jardines ajenos


en jardines ajenos

Reseña de un libro de cuentos memorable.































En jardines ajenos en la edición de Acantilado

Soy uno de esos lectores que se enfrentan con entusiasmo una novela de 400 páginas pero se amedrentan ante un cuento de 40.  Al respecto de ambos géneros, se cita con frecuencia a García Márquez: escribir una novela es como ganar una pelea por rounds; en cambio escribir un cuento es como ganarla por nockout. Esa misma relación es válida para la lectura. Por la manera en que está concebido, un cuento pide ser leído de una vez, sin interrupciones; solo de esa forma el mecanismo interno de la historia puede causar su efecto. En esa medida tienen mucha razón a quienes comparan al cuento con la poesía. El poema no se lee por tandas, una estrofa o un verso hoy y otro mañana. No. Ese licor se va en un solo trago, y tal vez por eso es necesario tener una disposición especial también. La novela en cambio es un viaje largo en el que tenemos tiempo incluso de aburrirnos, de parar y de reiniciar mucho tiempo después…

Comienzo con esa digresión a propósito de En jardines ajenos (2006), libro de cuentos del escritor suizo Peter Stamm (1964). Para mí la dificultad con los cuentos radica en encontrar aquella disposición. Y celebro muchísimo cuando por fin encuentro un libro de ese género que me obliga a leer sin detenerme de tapa a tapa. Peter Stamm me volvió a dar esa alegría (Creo que infantilmente siempre he querido volver a encontrar en algún otro libro la emoción que me produjo Las nuevas noche árabes hace ya muchísimo tiempo).

De una manera lenta pero sólida Stamm se ha ido constituyendo en una de las voces más sugestivas de la literatura actual.  Al punto que su novela Siete años (2011) ha sido recibida por innumerables críticos y reseñistas del mundo como una obra maestra… Pero Stamm es ante todo un maestro del cuento.

A pesar de ser un escritor suizo, la escritura de Peter Stamm le debe más a la tradición narrativa norteamericana que a la europea. Su estilo limpio y directo,  pero al mismo tiempo elusivo, está fuertemente emparentado con Hemingway y con grandes herederos suyos como Raymond Carver, John Cheever, Lorrie Moore o Michael Chabon.

En jardines ajenos está integrado por once relatos en los que, como es común que ocurra con ese género después de Carver, en apariencia  no se cuenta nada. Son historias sencillas cuyos desenlaces nunca nos deparan una revelación o una sorpresa, son a primera vista tan prosaicas como la vida misma pero, como también ocurre en la vida, están llenas de secretas frustraciones y anhelos que terminan por atribuirles tensión y misterio.

Hace poco escuché una entrevista concedida a una emisora canadiense en la que justamente el Stamm enfatiza en que no se trata de contar historias con un principio y un final, ese camino ya está agotado desde hace mucho tiempo. De lo que se trata, dice él, es de crear atmósferas y explorar las motivaciones de los personajes, los resortes que los mueven.

Los tres elementos fundamentales de En jardines ajenos, de cada uno de los relatos, son la soledad, el viaje y  la espera: una mujer sola y ya casi olvidada por sus hijos, un hombre que viaja solo a Europa del, tres jóvenes que esperan el tren... Eso, unido a una escritura sobria y precisa, termina por darle al libro un aire evocador e intimista que ejerce en el lector un efecto sedante y muy agradable. 


sábado, 26 de enero de 2013

Moonrise Kingdom


moonrise kingdom


Algunas ideas sobre la última película de Wes Anderson

La soledad

Mi película preferida de Wes Anderson es, de lejos, Bottle Rocket. Y siempre estoy esperando que el gran director algún día recupere la sencillez de su ópera prima. Eso no significa que no sienta gran aprecio por  lo que vino después. Pero creo que progresivamente, durante un buen tiempo,  sus personajes y sus argumentos se fueron haciendo cada vez más abstractos y sofisticados, casi indescifrables, diría yo. Al punto que The Royal Tenembaum parece una obra del teatro del absurdo

Moonrise Kingdom tiene algo de esa sofisticación pero en el fondo es bastante sencilla. Lo que da sustento a la historia es la profunda soledad de los personajes. Es una soledad que tiene varios hilos narrativos: esta la soledad de Walt Bishop, el padre de familia que parece naufragar en su propia casa; esta la soledad del el capitán Sharp; y obviamente esta la soledad de Suzy y Sam. La película parece estar ambientada en los años cincuenta o sesenta pero pronto uno comprende que esos personajes son intemporales y que su aislamiento podría ser el nuestro.

La soledad es uno de los temas predilectos de Anderson, cuyos personajes además parecen haber perdido el sentido de la vida: Margot Tenenbaum, Dignan, Steve Zissou, los hermanos  Whitman.

Los actores

Con la excepción de Bottle Rocket, la atmósfera en la que viven los personajes de Wes Anderson es siempre extraña y hasta cierto punto onírica. Casi nada de lo que ocurre en esas películas quiere imitar fielmente a la realidad. En Moonrise Kingdom, solo por mencionar un caso, todo está dispuesto de manera que el espectador siempre comprende que lo que tiene ante sus ojos es un decorado, como en una obra de teatro: la balsa en la que Sam escapa al principio de la película es prácticamente de juguete y la casa de Suzy es como de muñequero. Algo similar ocurre con los actores: dicen sus diálogos de manera convincente, podemos ver también  sus emociones, pero siempre hay en ellos, en su actitud, algo ligeramente sobreactuado.

Ahora que lo pienso se me ocurre que buena parte de esa extrañeza radica en la mirada: cuando uno los ve ante la cámara, los personajes de Wes Anderson prácticamente no parpadean, sostienen la mirada como si estuvieran en éxtasis. Lo mismo ocurre con los diálogos: parecen escritos en piedra, siempre definitivos. Esa característica resultaría ridícula en muchos otros directores, pero sobre todo, resultaría ridícula con otros actores. El caso es que aquí estamos frente a maestros: Bill Murray, inmutable como siempre, pero también encantador;  Frances McDorman, Harvey Keitel; Edward NortonJason Schwartzman, que no podía faltar y que como siempre encaja perfectamente…

Jared Gilman y Kara Hayward, los dos niños que interpretan a Suzy y Sam, de hecho parecen haber nacido para actuar en una película de Wes Anderson.

Bruce Willis

Por último quiero mencionar lo mucho que me gustó Bruce Willis. Para mí el tipo tiene un no sé qué de Humprey Bogart. Infortunadamente no siempre se ha involucrado en proyectos que le permitan explorar mejor su presencia escénica. Tal vez fueron Terry Gilliam y Tarantino quienes mejor lo supieron aprovechar.


sábado, 19 de enero de 2013

Argo

Ben Affleck al rescate argo


Ben Afleck empezó a perfilarse como un tipo odioso desde Armaguedon,  pero vino a consolidar esa imagen en Pearl Harbour, película que además de contar con él como protagonista constituía una exaltación chapucera del siempre predecible patriotismo norteamericano (vale recordar que ambas tuvieron como director a Michael Bay, también detestable). De hecho creo que nadie lograba explicarse cómo aquel actor mediocre con ínfulas de galán había ganado alguna vez un Oscar. En efecto Affleck escribió junto con su gran amigo Matt Damon el guion de Good Will Hunting, trabajo que les valió aquel premio en 1997. Pero cinematográficamente hablando, creo que pocos estaban dispuestos a atribuirle algún otro mérito. Hasta que anunció que iba a incursionar en la dirección.

La primera película dirigida por Affleck fue Gone, Baby, Gone (2007), que además contó como protagonista con su hermano, Casey Affleck. En contra de todos los pronósticos, se trató de una obra madura que llenaba al espectador de cuestionamientos éticos y morales, pero que ante todo lo mantenía en ascuas hasta el último minuto por el ritmo frenético de la narración. Por aquella misma época llegó Hollywoodland, otra sorpresa: allí Affleck interpretaba con notable solvencia al actor que encarnó en la década de los cincuenta a Superman en la serie de televisión: un George Reeves alcohólico y derrotado.

En 2010 el californiano ex esposo de Jennyfer López estrenó The Town. En esta oportunidad además de dirigir se encargó del papel protagónico y logró que la crítica del mundo comenzara a verlo definitivamente con otros ojos. Esta nueva película, un thriller de acción coprotagonizado por Rebeca Hall, sin lograr la profundidad y el cuerpo de Gone, Baby, Gone, reafirmaba el pulso narrativo de su director.

Por supuesto Affleck aún está lejos del nivel de directores de su generación como Poul Thomas AndersonWes Anderson, pero la lejana similitud entre su carrera y la de grandes maestros del cine clásico norteamericano como Nick CassavetesClint Eastwood, logra que ahora muchos esperemos  con cierta expectación morbosa cada uno de sus proyectos. Por eso cuando el año pasado se anunció el estreno de Argo el entusiasmo fue general.

argo


Argo relata  una historia real: el operativo que en 1980 la CIA llevó a cabo para rescatar a seis funcionarios  de su embajada en Teherán durante aquella crisis de rehenes ocurrida en el agitado Irán posterior al régimen del Sha y dominado por los Ayatolas. Por supuesto esa trama está lejos de ser inocente y espontánea en un momento en el que Estados Unidos amenaza reiteradamente con atacar al régimen de Mahmoud Ahmadinejad. Incluso se me ocurre que es demasiado significativo que el director, que además es el productor junto con George Clooney, quisiera rodar en Teherán y el gobierno de U.S.A lo persuadiera de no hacerlo.

Affleck  interpreta al agente secreto Tony Méndez quien propone la filmación de una película de ciencia ficción en Irán como fachada para el rescate. Se oye absurdo. Y lo es. Pero el contraste entre las calles de Teherán, con  supuestos traidores al régimen colgando del cuello en el brazo de una grúa, las oficinas claustrofóbicas de la CIA y el brillo fastuoso de Hollywood le aporta a la historia un tono tragicómico acentuado por la presencia refrescante y  el gran sentido del humor de John Goodman y Alan Arkin, quien por cierto está nominado por su trabajo aquí al Oscar como mejor actor secundario.

La trama de Argo no le da tregua al espectador, que ve cómo los hilos de la historia se van tensando  y sufre en su silla por la suerte esos personajes, cuyo destino es incierto. Creo que merecidamente la película ha sido clasificada por algunos en el género de aventuras; por ese ritmo trepidante y por su sabor a intriga política en algunos aspecto me recordó North by Northwest de Hitchcock. Pero sin duda el precedente más notable es Wag the dog (1997), la película de Barry Levinson, que también aborda el tema del cine y la política internacional.

Un aspecto notable además es la fotografía de Rodrigo Prieto (Beutiful, Babel, Brooke Back Mountain, 8 Mile, Amores perros…) que por ratos lo hace a uno pensar que está viendo una película de Sidney Lumet. Eso sin mencionar la increíblemente minuciosa dirección de arte.

Quedan para  el olvido los planos en los que sin razón aparecen los pectorales y los abdominales del protagonista. Pero sobre todo, para el olvido los planos le atribuyen a la cinta el tufillo heroico y chauvinista que nos hace recordar el fantasma del Affleck de Pearl Harbour. 

Trailer

domingo, 13 de enero de 2013

La muerte de Mamatoco (I)




Primera entrada sobre historia de Colombia. Dedicada a un oscuro boxeador cuyo asesinato marcó el peor momento de una enemistad política legendaria.

Una conclusión posible sobre la situación del presidente Alfonso López Pumarejo durante su segunda administración (1942) es que, si bien los escándalos que la entorpecieron hubieran logrado hacerle daño sin que importaran mucho las circunstancias que los acompañaron, hubo una especialmente dañina sin la cual probablemente López habría descartado su renuncia: su reciente enemistad con Laureano Gómez.

Ambos habían estado en contra del régimen de Abadía Méndez. Ambos acecharon al viejito Marco Fidel Suárez hasta que lo hicieron renunciar de la presidencia en 1921 y  lo llevaron a la amargura: Gómez, además de reprocharle el desenlace del conflicto de Panamá, no le perdonó haber gestionado en el Banco Mercantil el adelanto de algunos de sus sueldos de presidente*. López lo fustigó “por haber pagado unas resmas de papel de imprenta destinadas a publicaciones oficiales, a treinta pesos en vez de once, como se lo ofrecieron otros contratistas”. En esos términos lo recuerda Suarez en Los Sueños de Luciano Pulgar. Gómez apoyó la primera candidatura de Alfonso López Pumarejo (1934), y durante su posesión como presidente de la república pronunció un discurso en el que evocaba la gran amistad que los unía. Unos días antes  López había declarado a El Tiempo: “Mi amistad con Laureano Gómez es digna de respeto. Me parece muy importante que el jefe del partido conservador defina la posición de su partido frente al gobierno liberal en el acto de inauguración presidencial el próximo siete de agosto. Sin embargo, una vez posesionado López, no tardó en aparecer el motivo que constituyó el inicio de una enemistad legendaria en la vida pública de Colombia, equiparable a la de Obando y Mosquera y mucho más feroz sin duda que la de Santos y Uribe en nuestros días.
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“Mi amistad con Laureano Gómez es digna de respeto. Me parece muy importante que el jefe del partido conservador defina la posición de su partido frente al gobierno liberal en el acto de inauguración presidencial el próximo siete de agosto”. 
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En 1930, luego de cuarenta y cinco años de hegemonía conservadora, Enrique Olaya Herrera,  un político liberal llegó a la presidencia. Tiempo después un rumor  recorrió el país como un incendio: cerca de un millón de los votos que eligieron a Olaya Herrera eran falsos. El hecho nunca pudo comprobarse pero López se comprometió a elaborar un código electoral que en el futuro le garantizara al partido conservador unos comicios justos. El parlamento aprobó entonces una ley electoral pero, según Laureano Gómez, dicha ley no le daba al conservatismo una representación adecuada. A propósito del asunto Laureano escribió lo siguiente en el editorial de El Siglo de marzo 22 de 1937: “Declaro que creí siempre en su palabra (en la de López), sin abrigar al respecto ninguna reserva. Las circunstancias peculiares en que él y yo nos encontrábamos me deciden a expresar en público el siguiente interrogante que hace ya meses formulo a solas y con honda desolación todos los días: ¿El de  señor López me engañaba?” (Extraigo la cita del libro de Álvaro Tirado Mejía: Aspectos políticos del primer gobierno de Alfonso López Pumarejo).

De cualquier forma, no fue solo el incumplimiento de una promesa lo que lo que determinó el alejamiento de los dos políticos. Las convicciones de Laureano hacían imposible su amistad con el gobernante liberal: el ‘zarpazo’ de Roosevelt había acentuado un sentimiento anti yanqui que tenía fundamentos religiosos  y radicales ¿Cómo iba a tener él en buena consideración a un país en el que convivían sin ningún inconveniente protestantes masones y judíos? Laureano se manifestó en contra de los Estados Unidos en la Primera y Segunda Guerra Mundial, y apoyó decididamente a Franco durante la guerra del treinta y seis en  España. López en cambio estuvo a favor de la república y puso el Ejército Colombiano a las órdenes de los Aliados. Además de eso puso a funcionar su famosa Revolución en Marcha, que contradecía fundamentalmente las ideas del caudillo conservador.


* Eduardo Lemaitre sugiere que el aborrecimiento de Laureano por Marco Fidel surgió en 1914 luego de un debate en el congreso cuando Suárez era Canciller y trataba de sacar adelante el Tratado con Estados Unidos para normalizar las relaciones luego del despojo de Panamá. El señor Canciller quiere que firmemos el tratado como unos ovejos, dijo Laureano durante su intervención. Suárez, que fue un gramático consumado, uno de los más grandes en este país de gramáticos, interrumpió para corregirlo: no existen los ovejos. Laureano lo miró con furia pero el viejito continuó: el macho de la oveja se llama carnero. Durante mucho tiempo Laureano Gómez fue conocido informalmente como 'el ovejo'.

La muerte de Mamatoco (II)
La muerte de Mamatoco (III)


jueves, 3 de enero de 2013

Lecturas de vacaciones (IV)

Emma Reyes - Memoria por correspondencia

Memoria por correspondencia

Reseña de un libro hermoso, uno de los mejores de 2012.
















Emma Reyes, Memoria por correspondencia, Bogotá, Laguna Libros y Fundación Arte Vivo Otero Herrera, 2012.











Luego de leer Memoria por correspondencia me tomó varios días superar esa especie de duelo que se siente al terminar de leer  ciertos libros.  De hecho esas  palabras sobrias y precisas  me siguen retumbando en el oído.  

El libro consta de veintitrés cartas escritas por la Emma Reyes desde 1969, a lo largo de casi treinta años,  y dirigidas a su amigo Germán Arciniegas, quien  encontró en ese recurso epistolar la posibilidad de que Emma relatara por escrito las historias de su infancia que siempre había contado de viva voz. Al parecer ella no se tenía mucha fe escribiendo. Incluso en alguna carta le manifiesta a Arciniegas su desconcierto por no contar los sucesos de una manera clara y legible. Pero lo cierto es que como escritora Reyes demuestra  una  habilidad excepcional para crear imágenes, lo cual probablemente esté relacionado con su talento como pintora y artista visual.

Algunas personas resaltan la conmoción que les produce la lectura de esas historias descarnadas y llenas de detalles crueles, pero creo que lo que prevalece a lo largo de todo el libro es el vigor con el que  Emma y su hermana Helena se sobreponen a  las adversidades de su niñez en Bogotá, tan llena siempre de hambre y de infamias: las niñas, descorazonadoramente pobres,  desconocen a sus padres  y viven bajo la custodia de una mujer que a la primera oportunidad las abandona en una estación de tren, razón por la cual van a dar a un convento donde por caridad las monjas terminan su crianza.

Emma Reyes nos cuenta relatos sencillos pero memorables, llenos de una belleza amarga y de un sentido del humor implacable: las peripecias que debía hacer a los cuatro años  para botar las bacinillas pesadas de mierda; la felicidad que le producía, en el frío de Fusagasugá, ponerse  en las mejillas los huevos  tibios y recién puestos de las gallinas; la noche en la que en un patio del convento se le apareció el diablo; la primera vez que se confesó y le pidió al cura perdón por orinarse en la cama; la tarde en que se subió a un árbol para tratar de ver al niño Jesús; los castigos crueles y absurdos de las monjas…

Pero Memoria por correspondencia es además, como era de esperarse, una rendija  para asomarse a la Colombia de los años veinte: un país precario e inocente en el que los incendios que dejaban cien muertos se apagaban a poncheradas; y en el que un carro, ese invento desconocido y exótico, era recibido por muchos con el estupor y el asombro con el que se recibe a una bestia.

Leyendo a Emma Reyes recodé mucho a Frank McCourt y al Roddy Doyle de Paddy Clark JaJaJa, e insisto en que por disímiles que puedan parecer, hay muchísimos puntos de encuentro entre el pasado miserable de Irlanda del Norte y el de Colombia.

Sin duda estamos ante una obra que terminará convertida en un gran clásico de nuestra literatura.

miércoles, 26 de diciembre de 2012

Lecturas de vacaciones (III)

La Soledad del Lector, David Markson

Eduard Hopper, Rooms by the Sea (Detalle)


Reseña de una lectura de vacaciones.











Hay libros que acechan  al lector hasta que se imponen. Aparecen  algún día en una conversación,  de manera  casual e imprecisa, y luego regresan, agazapados en un  pie de página o mirándonos  ansiosos desde  su estante en la librería. Y entonces ya no queda más remedio que atender a ese llamado. Algo Así me ocurrió con La Soledad del Lector de David Markson,  libro que se ha convertido en una suerte de furor en algunos círculos de lectores en América Latina y España. Aunque moderadamente, eso sí. A mí por lo menos me tocó mandarlo traer desde Bogotá, porque en las librerías de Medellín nadie había oído hablar de él.

Publicado originalmente en 1996 con el nombre de Readers Block (título que en lo personal considero más significativo que el de la traducción), la novela de Markson apareció en el 2012 en el panorama de los lectores hispanos gracias a la edición de  La Bestia Equilátera. Y al parecer, por lo que he leído, hace parte de una trilogía. Mi entusiasmo inicial estuvo fundamentado en que pensé que se trataba de un libro de ensayos: entre más pasa el tiempo más razones se me ocurren  en contra de las novelas. En fin, achaques. El caso es que solo dos días después de haber hecho el  pedido llegó a mi puerta un sobre con el volumen; algo más de doscientas cincuenta páginas.

Una costumbre de lector romántico y estúpido que conservo  tal vez desde la infancia es la de oler minuciosamente los libros una vez caen en mis manos. Con los ojos cerrados, para añadir un detalle aun más patético. Luego doy un repaso a las páginas para darme una idea de a qué tipo de  ladrillo me enfrento. La Soledad del Lector olía bien, una mezcla de pulpa, pegamento y tinta. Típico. Pero  ante todo lucía extraño. De principio a fin párrafos muy breves, incluso líneas, bien separados unos de otros. Nada de capítulos ni apartados. La novela lucía más bien como un libro de aforismos. Empecé a leer.

                                                                             

"El cadáver de Laurence Sterne fue vendido a una escuela de medicina por unos profanadores de tumbas. Casi lo habían diseccionado por completo cuando por casualidad alguien lo reconoció." David Markson.
                                                                              


Ante todo, y como  señala una cita de David Foster Wallace en la contraportada, La Soledad del Lector es un relato experimental (el punto más alto en la ficción norteamericana, continua diciendo Foster Wallace). No hay en ella nada de lo que uno habitualmente espera encontrar en una novela. No hay diálogos, no hay hilo narrativo… casi podríamos decir que no hay personajes a excepción de dos entes abstractos llamados el Lector y el Protagonista de quienes no tenemos descripciones  sino más bien hipótesis o preguntas: ¿Y por qué el lector siempre visualiza el atardecer? (p. 147) ¿al menos el Lector tomó una decisión acerca de darle al protagonista algún tipo de pasado? (p. 192) Pero en realidad ninguno de los dos tiene cuerpo  ni carácter. Y sin duda no fue intención del autor que lo tuviera.  Ellos están allí, tal vez, para hacernos dudar en algún momento de quién es el verdadero creador a la hora de leer una ficción y para dejarnos la pregunta de  dónde viven  quienes habitan esas ficciones. O tal vez no sirven para nada. Porque por momentos uno parece olvidarse de ellos, hipnotizado por la marea de datos curiosos, absurdos y muy probablemente inoficiosos sobre todo tipo de artistas y escritores y personajes históricos, es como estar leyendo la Enciclopedia de Datos Inútiles de Homero Alsina Thebernet

                                                                             
"Cuando Daumier tenía sesenta años, era indigente y estaba completamente ciego, Corot compró la casa que Daumier alquilaba y se la regaló." David Markson.
                                                                              

Markson nos habla de suicidios: Jack London se suicidó… Y unas páginas más adelante: John Rigo se suicidó. Y luego: George Eastman se suicidó. Nos habla de vidas miserables, de la gonorrea padecida por este o del alcoholismo de aquel. Nos hace un censo minucioso  y espaciado de antisemitas: Séneca era antisemita. Tácito era antisemita. Chesterton era antisemita… Recuerda fragmentos breves de obras célebres, etc., etc… Y todo lo hace con ese estilo raro y repetitivo de párrafos brevísimos que dan la impresión de estar leyendo un timeline de Twitter. Y mucho más aun: dan la impresión de estar repitiendo un mantra.

viernes, 21 de diciembre de 2012

Secuencias del 2012




Puesto que es frecuente hacer listas a estas alturas del año, aquí está mi lista de películas preferidas durante el 2012.

1.       Moneyball
Mi preferida este año fue la modesta cinta protagonizada por Bad Pitt y dirigida por Bernett Miller que estuvo nominada al Oscar en la categoría de mejor película y obviamente no ganó. Se trata de un festín de actuaciones: Jonah Hill, Phill Seymour Hoffman y, cosa que hace mucho rato dejó de extrañarme, Brad Pitt. Pero además es un lujo de adaptación, a cargo de  dos maestros: Steven Zeillan y Aaron Sorokin. Billy Beane, gerente general de los Atletics de Oakland, un equipo de beisbol pobre y sin aspiraciones, idea un método estadístico para seleccionar jugadores talentosos desechados por otros equipos…  El resultado es una especie de revolución de la sensatez. La película es un producto típico de Hollywood, pero es mesurada y tiene el aliento del gran cine clásico norteamericano.

Esta secuencia, que por suerte está en youtube, resume lo mejor de las actuaciones y del guion. 


2.       Tinker, tailor, soldier, spy
Pasé un tiempo sin sacarme  esta película de la cabeza. Creo que todo en ella es fuera de serie: los actores, la fotografía, el guion, la dirección de arte… en fin. La banda sonora hace parte ahora de mis debilidades. Creo que en su contra tiene que por momentos la trama se pone demasiado densa y uno escasamente puede parpadear sin perderse una clave fundamental. Yo en todo caso tuve que ir a ver la dos veces.

Lo mejor de la película, a mi juicio,  esa  última secuencia tan llena de alusiones y tan evocadora con Julio Iglesias sonando en primer plano; un momento magistral de la elipsis como recurso cinematográfico.



3.       Incendies
De cuando en cuando los directores canadienses nos devuelven la fe en el cine. Eso me paso este año con esta cinta de Denis Villeneuve que se siente como una patada en el hígado… Creo que la discusión sobre la originalidad esta saldada desde hace mucho tiempo: ya todo está dicho. Eso sí: aún quedan maneras de decirlo; y en efecto Villeneuve nos cuenta una historia vieja  de la cual hemos visto innumerables variaciones, pero nos la cuenta a su manera, en un escenario lleno de evocaciones atroces: el Oriente Medio con su laberinto de rencores y de guerras… El resultado es una  suerte de tragedia griega  en nuestros tiempos, muy difícil de digerir, casi absurda… pero posible en este mundo brutal. Y absurdo.

Un momento especial: la secuencia inicial, con la lánguida voz de Tom Yorke y el entramado de guitarras de Radiohead  al fondo. 





4.       El caballo de Turín
Por supuesto no voy  a poner en duda la reputación de Bela Tarr, pero  El caballo de Turín bien podría no significar nada. Es una de esas obras tan llena de sentido que se parecen un poco al silencio. Y tal vez por es difícil de abarcar. Los personajes, como Joseph K,  como Molloy,  Lucky o Pozo, p arecen ignorar de dónde vienen y ante ellos el camino siempre es incierto. En efecto la película podría haber sido concebida por Samuel Beckett o Franz Kafka. Está llena de incertidumbre, pero creo que justamente allí esta su belleza, en el hecho de estar lejos de ser explícita. Creo que es más un poema que un filme. Y lo es muy especialmente por el poderío de su fotografía  

Para el recuerdo siempre, la secuencia inicial, que además de poema es tratado de filosofía. 


5.       La Sirga
Estoy seguro de que La Sirga es un gran hito en la historia del cine colombiano, que con gran frecuencia es directo, llano, casi obvio. Aquí, por el contrario, nos encontramos con una obra elusiva, que evoca realidades, pero no se entrega a la primera interpretación. De hecho creo que esta historia, como cualquier gran historia, podría pertenecer a la tradición cinematográfica y narrativa de cualquier país.  Me recordó muchísimo, por ejemplo, a Tarkovski.

Visualmente para mi está al nivel de El Caballo de Turín y de Tinker Tailor Soldier Spy, por mencionar dos películas soberbias  de este mismo conteo.

Y su banda sonora sin duda merece una mención especial. 



Ver reseña completa de La Sirga en este blog

sábado, 15 de diciembre de 2012

Lecturas viejas (I)

Helene Hanff: 84, Charing Cross Road







































84, Charin Cross Road en la edición de Anagrama.

Como viene siendo casi una costumbre cada año, releí alguna tarde de noviembre 84, Charing Cross Road (1969).  Buena parte de mis libros preferidos son hallazgos al azar, textos de los que no sabía nada en absoluto. Ignoraba por completo, por ejemplo, quién era Helene Hanff. El caso es que, como también es costumbre, en alguna ocasión hace varios años iba a la deriva por la biblioteca y en algún recodo vi el librito modesto y como resignado al olvido. Lo digo porque estaba casi nuevo y en la ficha solo figuraban algunos préstamos pero, por lo que pude averiguar, no era una adquisición reciente. Lo abrí también al azar y leí cierta línea: P.D ¿Tienen el Diario de Sam Pepys? Lo necesito para las largas noches de invierno. No es nada especialmente significativo pero  me bastó para quedar seducido.

Muy a finales de los 40’s Helene Hanff encontró en la prensa el anuncio de una librería inglesa especializada en libros antiguos y de inmediato les escribió desde Nueva York con una lista de sus necesidades, que incluía obras de William Hazlitt y R. S. Stevenson especialmente difíciles de conseguir. Solo unas semanas después recibió la respuesta en la que se le anunciaba el envío de la mayoría de sus demandas. Desde entonces entre ella y el vendedor principal de Marks & Co, Libreros, Frank Doel, se inició una relación epistolar que se prolongó durante veinte años y que naturalmente se fue volviendo cálida y amorosa  con el paso del tiempo.

Se dice con frecuencia que la obra es una celebración de los libros y la lectura, pero habría que decir ante todo que es una celebración de la amistad (una que le habla especialmente bien a esta época plagada de relaciones virtuales): Helene y Frank son una suerte de almas gemelas que se conocen a la distancia y aprenden a quererse por medio de los libros que ella solicita y él acuciosamente provee. Es muy a su manera una historia de amor platónico, en el sentido más pleno del término, llena de buen sentido del humor.

La señorita Hanff, con el océano de por medio, increpa a Frank porque no le consigue pronto una  edición decente de la Antología de Poesía Inglesa de Oxford y en la siguiente carta el pobre hombre responde anunciando el envió del libro en magnífico estado. Ella pide a Cátulo, a Safo y a Horacio y él, en cuestión de semanas se las arregla para conseguirle ediciones de segunda mano en tan perfecto estado que incluso Helene le escribe para agradecerle mientras corta las páginas vírgenes con un delicado cuchillo de mantequilla…. Pero la relación entre ambos personajes es tan plena que lentamente empieza a trascender hasta llegar al resto de empleados de la librería y a la familia de Frank. De hecho, uno de los aspectos más llamativos de las cartas es la descripción, lenta y espaciada, de esa Inglaterra de la post guerra, tan pobre y agobiada por los racionamientos. Al cabo de solo unos meses, Helene se convierte en la proveedora de manjares inalcanzables en aquella época para esos amigos transoceánicos que añoran tanto conocerla: jamón, cordero, huevos frescos…

Helene Hanff fue guionista de series de televisión,  escritora de libros de historia para niños y colaboradora del New Yorker. Cultivó el teatro pero sus obras nunca lograron reconocimiento, lo cual implica tal vez cierta pizca retorcida de justicia poética puesto ella no soportaba las obras de ficción. 84, Charing Cross Road en cambio, la juiciosa y fiel recopilación de su correspondencia con un libreo inglés y su familia la convirtió en una autora de culto.

domingo, 2 de diciembre de 2012

Un plato de sopa, etc.




Antes de existir los blogs estaban las libretas de apuntes. Yo comencé a usarlas cuando ingresé al taller de escritores de Mario Escobar. Al viejo le parecía inconcebible que alguien que pretendiera escribir fuera por el mundo sin un lugar donde registrar todo: impresiones, recuerdos, ideas… en fin. Y semana tras semana seleccionaba a alguien para que leyera un fragmento de sus apuntes. Creo que todos accedíamos con un poco de vergüenza.

El caso es que desde esa época he llenado varias decenas de libretas. Haciendo un balance equilibrado creo que no hay mucho de valor en ellas, todo demasiado pretencioso; pero releerlas creo que me ayuda a conocerme un poco mejor. Eso ya es algo, digo yo.

Hace unos días tomé al azar una de esas libretas, una muy vieja, y me encontré con una breve entrada sobre, según reza el título, pruebas de valor en la literatura. Una selección de episodios de valentía en unas cuantas novelas, casi todas ellas muy célebres. A continuación transcribo esa lista y, como ahora se trata de un blog, agrego dos de los episodios referidos en alguna adaptación al cine.

1. Gregorio Samsa saliendo de su habitación, reclusorio, para oir tocar el violín a su hermana.

En este momento de la novela lloré.

2. El Coronel, tan paciente y aplomado, respondiendo ‘mierda’

3. El Señor Magdalena declara ante un tribunal que él es Jean Vanjean:

Luego de una vida brutal y sórdida, ya lejos de la cárcel, de donde milagrosamente pudo escapar, Jean Valjean se ha convertido en el venerable Señor Magdalena, un hombre rico a fuerza de trabajo honesto y disciplina. En su vida acaba de aparecer Fantine, una prostituta desvalida y hermosa a la que aprende a amar, no sabemos si como hombre o como padre. La frágil, y a su manera virtuosa mujer, es una especie de ángel caído, como él. Entonces, cuando esta cerca de alcanzar la plenitud, Valjean escucha una noticia: en un pueblo cercano ha sido capturado Jean Vajean, y será condenado a muerte. La vida le ha puesto nuevamente una zancadilla: ¿debe quedarse disfrutando de la plenitud de su vida al lado de Fantine o debe acudir a salvar la vida de aquel desgraciado con quien lo están confundiendo? En el fondo Los Miserables es una gran tratado de sobre la moral y la ética. Valjean decide acudir al juicio para declarar que él es el hombre a quien buscan… pero lo hace luego de librar una batalla feroz consigo mismo, es uno de los momentos más intensos y complejos que yo recuerdo haber leído en una novela… Y luego de que renuncia a su nueva vida feliz declarando su verdadera identidad, descubrimos que su pelo ha encanecido por completo, en solo una noche…

Hay algunas adaptaciones contemporáneas de la gran novela de Victor Hugo, una de Claude Lelouch con Jean Paul Belmondo en 1995; pésima, a mi manera de ver. Otra de de Billie August, de 1999, protagonizada por Leam Nesson, Clare Danes y Geofrey Rush; considerablemente entretenida. Y una serie de televisión con Gerard Depardieu y John Malckovich, bastante aceptable pero en la cual el momento de la confesión de Valjean no alcanza el nivel esperado de intensidad… pronto podremos ver la nueva versión, inspirada en el célebre musical de Brodway.

4. Enjolras ante el pelotón de fusilamiento (Los miserables)

5. Bricky y Quinn, en una madrugada incierta, saliendo a buscar al asesino. (El plazo expira al amanecer de William Irish)

Siento una gran predilección por esta pequeña novela olvidada. En ella la ciudad de Nueva York el gran villano que no deja escapar a un par de campesinos sencillos que creyeron encontrar en ella la redención de una vida anónima y gris. Una noche ambos se encuentran con el cadáver de un desconocido y en ese muerto, en el misterio que encierra, se encuentra para ellos la única posibilidad de recuperar sus vidas.

6. El Poeta  acusando de asesino al Jaguar (La ciudad y los perros)

7. Pereira decidiéndose a publicar un artículo en el que denuncia la muerte de Montero Rosi (En Sostiene Pereira de Tabucchi).


8. Oliver Twists pidiendo en el orfanato un segundo plato de sopa:

Tal vez fue el momento que más me impactó de este libro, que a pesar de ser  una de mis novelas preferidas, me resulta bastante empalagoso por momentos. Por supuesto, para la época Dickens estaba complaciendo a todos los públicos, cual si fuera un escritor de telenovelas de nuestros días; pero cuando Oliver, recluido en el asilo, llorón y extremadamente delicado, se atreve a  levantarse de su asiento para pedir otro plato de sopa, lleva a cabo uno de los momentos más insurrectos de la historia de la literatura, o de mi historia de la literatura. El detestable Bumble no se lo puede creer y en el resto del comedor los demás niños huérfanos se miran atónitos. Pero Oliver solo obedece a sus instintos: tiene hambre. La escena es de una solemnidad tremenda pero al mismo tiempo de una gran sencillez.

Aquí esta la versión de ese momento en Oliver! la adaptación de Carol Reed de 1968: